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«Para su información y fines consiguientes, es grato dirigirnos
a usted en la oportunidad de notificarle que hoy miércoles 6 de
diciembre de 2000 a las 8:00 p.m. desde el Salón Ayacucho, Palacio
de Miraflores, se transmitirá en Cadena Nacional una Alocución
del Ciudadano Presidente de la República Bolivariana de Venezuela.»
A Hugo Chávez Frías, el extrovertido presidente de Venezuela,
al parecer se le hace cada vez más difícil contenerse. En
su programa radial «Aló, Presidente», abierto a las llamadas telefónicas
del público y con una duración promedio de cuatro horas,
él intercala conversaciones con seguidores que lo adoran con soliloquios
acerca de temas tales como el placer de tener una novia y el «proceso
revolucionario en las universidades».
Pero ni siquiera hablar durante cuatro horas por la radio cada semana
es suficiente. Cada vez que Chávez desea hablar, las estaciones
de radio y televisión deben interrumpir su programación
regular. Chávez ha utilizado su tiempo de emisión ilimitado
para promover las maravillas del café venezolano y llamar a sus
partidarios a las urnas; ha exhortado a los empresarios a invertir en
la industria de aluminio estatal; ha dicho a todos que ha tenido un día
fantástico; y ha revelado la presunta verdad de cerca de 46 casos
de corrupción de su gobierno. Chávez es un orador cautivante
y las cadenas, como se les conoce en Venezuela a los mensajes del gobierno
transmitidos por radio y televisión, han sido sumamente populares.
Hace dos años el columnista Andrés Oppenheimer, del diario
The Miami Herald, vaticinó que Chávez sería
un «autócrata pragmático democráticamente electo»
al estilo del ahora destituido presidente peruano Alberto K. Fujimori.
Sin embargo, en lo que respecta a la prensa en Venezuela y Perú,
han surgido importantes diferencias. Fujimori dependía de su asesor
de inteligencia Vladimiro Montesinos para librar una intensa campaña
de represión contra la prensa independiente que no excluía
el uso de la violencia. Para Chávez, la capacidad de comunicarse
directamente con sus partidarios es la clave de lo que él llama
la «Revolución Bolivariana».
Mercadeo directo
Chávez se basa en ese acceso directo a sus partidarios, lo
que le permite marginar las demás instituciones, incluida la prensa.
Él también ha mantenido una actitud sistemáticamente
hostil hacia la prensa. Sus diatribas hasta cierto punto han socavado
la credibilidad de la prensa y han dejado a periodistas locales vulnerables
a ataques legales e incluso físicos.
El carismático Chávez es un ex paracaidista que dirigió
un fallido intento de golpe de estado en 1992 y que ganó la presidencia
por una aplastante mayoría en las elecciones de diciembre de 1998.
Él le ha sacado provecho a ese respaldo popular para convocar a
referéndums que han llevado al desmantelamiento de la estructura
política venezolana y que han concentrado el poder en manos de
la presidencia, todo en nombre de la democracia participativa. (El ejemplo
más reciente fue el referéndum del pasado 3 de diciembre
en que los votantes aprobaron la propuesta de destituir a los líderes
de los sindicatos, controlados por la oposición).
Una nueva Constitución, ratificada por un referéndum popular
el 15 de diciembre de 1999, extendió el período presidencial
de cinco a seis años, permitió al presidente postularse
a un segundo período consecutivo, y eliminó el Senado. El
30 de julio, se realizó lo que Chávez denominó «mega-elecciones»,
en las que una coalición de partidos pro-Chávez ganó
cerca del 60 por ciento de los escaños de la nueva y unicameral
Asamblea Nacional.
Venezuela cuenta con una amplia gama de pujantes medios informativos.
Hay dos diarios de circulación nacional principales, El Universal
y El Nacional, varios diarios caraqueños, numerosas publicaciones
regionales y unos cuantos sitios de Internet dedicados a noticias. Hay
tres canales de televisión privados con difusión nacional,
y otros que transmiten a escala regional. Sin embargo, el estilo de comunicación
directa que utiliza Chávez inevitablemente lo hace recelar de la
influencia independiente que pueda tener la prensa en la opinion pública.
La prensa lo ha criticado intensamente y él, por su parte, ha aprovechado
sus alocuciones para criticar a la «medios de los oligarcas» y denunciar
a periodistas extranjeros que «se dedican a recoger la basura y tirarla
al mundo entero».
Los medios más vulnerables son los de radio y televisión,
porque el gobierno controla la concesión de frecuencias. A comienzos
de mayo, el principal canal de televisión de Venezuela, Venevisión,
canceló el popular programa de noticias «24 Horas», que a menudo
criticaba al gobierno de Chávez, y lo reemplazó por dibujos
animados.
El presentador de «24 Horas», Napoleón Bravo, denunció haber
recibido amenazas anónimas que fueron identificadas como provenientes
de una agencia de seguridad estatal, y declaró que el canal había
cedido a presiones del gobierno. Aunque algunos dudaron de las aseveraciones
de Bravo, Venevisión trasladó al periodista a la Florida,
donde se le encomendó la producción de cinco programas sin
contenido político. Poco después del incidente con Bravo,
Venevisión eliminó toda su programación política.
A
lo largo del año pasado, Chávez adquirió la costumbre
de visitar sin previo aviso a los canales de radio y televisión,
particularmente a aquellos que han criticado a su gobierno. El 7 de junio,
el presidente estuvo por unas buenas cuatro horas en las oficinas de El
Universal, hablando con el presidente y director Andrés Mata
Osorio y otro editor del diario. No habían transcurrido dos semanas
desde esa visita cuando Chávez usó su programa de radio
para criticar al periódico por publicar los resultados de una encuesta
según la cual su popularidad iba en descenso. Sin embargo, después
de que Venezuela sirvió de sede a una reunión cumbre de
los líderes de la OPEP en septiembre, el mandatario felicitó
a El Universal por su cobertura del evento. Entretanto, Chávez
acusó a CNN de «tergiversar» y «mentir» al informar sobre la cumbre.
«Este gobierno no sabe manejarse . . . con la posibilidad de que muchas
ideas convivan en una sociedad», opinó Sergio Dahbar, editor adjunto
de El Nacional.
El poder de la sugestión
Chávez les permite a los funcionarios gubernamentales hablar
con libertad a la prensa y su gobierno ha sido relativamente justo en
la distribución de espacios publicitarios oficiales, según
varios periodistas locales. «[L]os ataques a la libertad de expresión
a los que estamos acostumbrados aquí en Venezuela ... hasta ahora,
no los hemos vivido», declaró Teodoro Petkoff, un ex guerrillero
marxista y ex ministro de planificación que ahora dirige un innovador
diario llamado TalCual. Sin embargo, las constantes diatribas de
Chávez contra la prensa han creado otros peligros.
Varios medios de comunicación han recibido amenazas de bomba, lo
cual podría indicar que algunos seguidores de Chávez han
interpretado la encendida retórica del presidente como una autorización
tácita para atacar a la prensa. Fuentes locales dijeron al CPJ
que si bien antes los periodistas eran bien recibidos en los barrios de
clase trabajadora donde es más firme el apoyo a Chávez,
en tiempos recientes los vehículos de la prensa han sido objeto
de actos de vandalismo y algunos periodistas han sido acosados al adentrarse
en los barrios.
El 1 de mayo, manifestantes pro-Chávez atacaron a varios periodistas
en un mitin electoral. Poco después, luego de que la Corte Suprema
de Justicia postergó las elecciones (originalmente programadas
para el 28 de mayo), dos periodistas resultaron lesionados al cubrir enfrentamientos
entre los partidarios del presidente, conocidos como "chavistas", y partidarios
de su rival, Francisco Arias Cárdenas. Tras estos incidentes, Chávez
ordenó a sus partidarios no atacar a los periodistas, pero su llamado
a restablecer la calma sonó menos persuasivo que su acostumbrada
diatriba contra la prensa. Cuando la campaña electoral se reanudó
en julio, varios chavistas lanzaron frutas a reporteros de El Universal
y los llamaron «periodistas de los ricos», según el jefe de redacción
del diario, Elides J. Rojas.
En septiembre, un aviso pagado apareció en varios periódicos,
con duros ataques contra varios periodistas y firmado por el «Nuevo Frente
Bolivariano». Uno de los periodistas mencionados en el aviso, Marta Colomina,
escribió en El Universal que el Frente había sido
creado para «exterminar lo que queda de resistencia ante la arbitrariedad
del poder». En su artículo del 17 de septiembre, Colomina también
denunció que los anunciantes de los programas de radio que ella
presenta habían recibido amenazas telefónicas de personas
que se identificaban como bolivarianos.
Pecados de omisión
Aunque hasta ahora Chávez se ha valido menos de la represión
que muchos predecesores suyos, sí ha permitido que continúen
abusos de larga data contra la prensa. Por ejemplo, las líneas
telefónicas de algunos periodistas siguen intervenidas y algunos
incluso han denunciado que han sido seguidos por agentes de seguridad.
Cuando el CPJ trajo a colación el tema de los teléfonos
intervenidos en una conversación con el canciller José Vicente
Rangel, un ex periodista, él reconoció que la práctica
se empleaba pero insistió en que bajo Chávez se hacía
«menos» que en gobiernos anteriores.
En cualquier caso, las garantías legales para la prensa claramente
se han deteriorado con Chávez. Al redactar la 26ta Constitución
de Venezuela, los partidarios de Chávez introdujeron el derecho
a «la información oportuna, veraz e imparcial». Esta estipulación
alarmó a organizaciones pro libertad de prensa, entre ellos el
CPJ, los que argumentaron que podría servir para justificar la
censura o la aplicación de otras restricciones a información
que el gobierno considerara inoportuna, inexacta o parcializada.
De hecho, un gobernador estatal citó la nueva Constitución
para emitir un decreto por el cual prohibía a los periodistas de
su estado publicar o difundir mensajes que «hagan imputaciones a las autoridades
legislativas, ejecutivas o judiciales y a la ciudadanía en general,
capaces de exponerlos al desprecio público u ofensivos a su honor
o reputación». (El decreto fue revocado posteriormente.)
Chávez mantuvo silencio cuando un juez militar, en un acto que
sorprendió a los venezolanos, ordenó el arresto del abogado
y columnista Pablo Aure Sánchez por supuestamente insultar a las
fuerzas armadas en una carta a El Nacional publicada el 3 de enero
del 2001. La carta de Aure calificó a las fuerzas armadas de débiles
e insignificantes, como más «castradas» que castrenses.
El ministro de Defensa, general Ismael Eliécer Hurtado Soucre,
denunció a Aure tras la aparición de la carta, y el 8 de
enero del 2001, agentes de la inteligencia militar detuvieron al columnista
en su casa. Hurtado Soucre estaba particularmente indignado por la aseveración
de Aure de que el pueblo tenía en tan baja estima a los militares
que «nos los imaginamos desfilando ... pantaletas multicolores». Esto
fue en alusión a una campaña en la que se estaba enviando
prendas íntimas de mujer (en una variedad de colores festivos)
a oficiales de las fuerzas armadas para insultar su hombría.
Esas palabras, según Hurtado Soucre, demostraban que Aure estaba
involucrado personalmente en la campaña de envío de ropa
íntima femenina. Al fin y al cabo, argumentó Hurtado Soucre,
las declaraciones públicas sobre la campaña sólo
mencionaban «prendas íntimas». ¿Cómo sabía Aure que
no se trataba de sostenes? El ministro también declaró a
El Nacional que Aure no era víctima de ninguna persecusión
política. «Yo no soy político, ni pretendo serlo, ni quiero
serlo», insistió Hurtado Soucre. «Yo soy un soldado.»
Aure fue dejado en libertad por razones de salud tras estar detenido por
dos días, en medio de la indignación generalizada que incluyó
protestas del canciller Rangel y el fiscal general. Hurtado Soucre, por
su parte, se cuidó las espaldas pidiendo a la Fiscalía investigar
a Aure. El 2 de febrero del 2001, el Tribunal Supremo remitió el
caso a un juez civil. Ese mismo día, el segundo aniversario de
la llegada al poder de Chávez, el presidente anunció que
Rangel sustituiría a Hurtado Soucre en la cartera de Defensa.
Rangel de este modo se convirtió en el primer civil en encabezar
el ministerio de Defensa desde la restauración de la democracia
en 1958. Chávez declaró que la medida «va a tener una gran
importancia dentro de este proceso unitario de lo cívico y lo militar»,
de acuerdo con El Nacional. Este diario también publicó
declaraciones de Rangel, quien en sus tiempos de periodista denunciaba
con frecuencia a los militares, en las que afirmaba que el que le mandara
pantaletas, él se las iba a regresar.
En agosto, el periodista Pablo López Ulacio, director del semanario
La Razón, fue obligado a exiliarse en Costa Rica después
de que un bien relacionado empresario llamado Tobías Carrero Nácar
interpusiera contra él una demanda penal por difamación.
La demanda se basó en denuncias publicadas por La Razón
en el sentido de que Carrero había recibido contratos del gobierno
en una licitación cerrada a la competencia. Antes de salir del
país, López Ulacio boicoteó todas las audiencias
de su caso argumentando que no era posible recibir un juicio imparcial.
El director del diario tenía buenos argumentos: Manuel Quijada,
el alto funcionario a cargo de la contratación o destitución
de personal judicial, lo llamó públicamente «delincuente
difamador», y los jueces prohibieron a los abogados recabar pruebas en
Estados Unidos que podrían haber confirmado las afirmaciones de
La Razón. El caso seguía pendiente en los tribunales
al cierre de esta edición, y el abogado de López Ulacio
había presentado un recurso de medidas cautelares ante la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos en Washington, D.C. (la Comisión
las concedió en el 8 de febrero). Carrero, entretanto, al parecer
planeaba adquirir La Razón con el dinero que esperaba recibir
como compensación.
¿Demagogo o dictador?
¿Es Chávez un nuevo tipo de líder populista latinoamericano,
destinado a transformar la corrupta cultura política venezolana
para mejorar la situación de su pueblo? ¿O es un aspirante a dictador
que recurrirá a medidas represivas tan pronto su popularidad comience
a disminuir?
La popularidad de Chávez ya está en descenso. El presidente
cuenta con amplio apoyo de los sectores más pobres del país,
pero en los dos años desde que asumió el gobierno, casi
8000 millones de dólares han salido al exterior. En 1999, el producto
interno bruto se contrajo en un 7,2 por ciento. En tiempos más
recientes, los venezolanos han dado muestras de que se están cansando
de su impetuoso líder. Apenas una cuarta parte de las personas
con derecho al voto participaron en el referéndum del 3 de diciembre
del 2000 sobre el reemplazo de la dirigencia sindical. Una encuesta reciente
halló que el índice de popularidad de Chávez había
descendido de 66 por ciento a 42 por ciento desde 1999.
Cuando estaba en campaña electoral para la presidencia, Chávez
solía vestirse de uniforme militar con la boina roja característica
de su antigua unidad de paracaidistas. Desde que asumió la presidencia,
él ha colocado a varios militares en su gabinete y en otros altos
cargos gubernamentales, como por ejemplo el nuevo presidente de la empresa
estatal Petróleos de Venezuela. Chávez también inauguró
el «Proyecto Bolívar 2000», un plan para emplear a militares y
civiles en la construcción de infraestructura y los sistemas de
educación y la salud. De conformidad con este plan, más
de 500 escuelas «bolivarianas» han sido establecidas. Todas incluyen la
instrucción militar en su plan de estudios.
En
años recientes, las tres instituciones sociales de mayor importancia
en Venezuela, al igual que en muchos países latinoamericanos, han
sido la iglesia católica, la prensa y las fuerzas armadas. Chávez
ha intentado desprestigiar a las primeras dos. Aunque se declara católico
devoto y afirma que Dios está a favor de su revolución,
Chávez ha atacado a líderes eclesiásticos que han
criticado a su gobierno, y los ha tildado de «curas degenerados» y «fariseos».
Chávez también ha reducido el otrora generoso apoyo del
Estado a la iglesia católica, y ha reducido los presupuestos a
los colegios católicos. El 15 de diciembre, El Nacional
publicó un artículo según el cual el mandatario venezolano
hizo la siguiente declaración: «La institución más
querida por los venezolanos es la Fuerza Armada Nacional, por encima de
la Iglesia y los medios de comunicación social.»
También hay que destacar la adoración declarada que siente
Chávez por Fidel Castro. En una visita de cinco días que
hizo el líder cubano a Venezuela en octubre, los dos líderes
firmaron un acuerdo por el que Venezuela se comprometió a venderle
petróleo a Cuba a precios favorables a cambio de servicios médicos
y otras formas de pago. Además, jugaron béisbol y conversaron
por cuatro horas en el programa radial de Chávez (rebautizado para
la ocasión como «Aló, Presidentes»).
La visita de Castro irritó a muchos venezolanos y a funcionarios
estadounidenses que ya estaban molestos por los comentarios de Chávez
de que el paquete de 1300 millones de dólares en ayuda estadounidense
a Colombia para la lucha contra el narcotráfico llevaría
a la «vietnamización del área». Como parte de los preparativos
para la cumbre de la OPEP en Caracas en septiembre, Chávez se reunió
en Libia con el líder libio coronel Muammar al-Qaddafi, y se convirtió
en el primer líder mundial en visitar al presidente iraquí
Saddam Hussein desde el fin de la Guerra del Golfo Pérsico. Estos
gestos fueron denunciados en la prensa estadounidense, lo cual a su vez
ha enfadado a Chávez.
El 3 de noviembre, el diario The Washington Post publicó
un editorial titulado «El próximo Fidel Castro», en el que advierte
que Chávez «es un hombre fuerte que controla las mayores reservas
petroleras fuera del Medio Oriente, que suministra a Estados Unidos buena
parte de sus importaciones energéticas, y que parece decidido a
extender su estilo de retórica antiestadounidense en toda la región».
En respuesta, Chávez denunció el artículo del Post
como «mentiroso, manipulador, ventajista, irresponsable y falso».
Al mismo tiempo, él admitió que Venezuela no estaba en condiciones
de rechazar a Estados Unidos, que es tanto el principal cliente del petróleo
venezolano como uno de los principales inversionistas en la economía
del país. «Nosotros estamos obligados a mantener y cuidar mucho
las relaciones con Estados Unidos, que están condenadas a ser buenas»,
sostuvo Chávez.
El reconocimiento de la realidad política internacional por parte
de Chávez confiere a la prensa local cierta garantía de
seguridad, según Manuel Alfredo Rodríguez, columnista de
El Universal y La Razón. «Con la libertad de prensa,
más o menos se respeta, porque [no respetarla] crearía la
alarma universal. [Chávez] camina sobre el punto de la navaja»,
observó Rodríguez.
Ciertamente no se han hecho realidad los peores temores de la prensa venezolana.
«Hay alguna gente que se va a suicidar si aquí no viene la dictadura,
porque tienen dos años pronosticándola», indicó el
director de TalCual, Petkoff. Chávez puede ser elogiado
por tolerar la disensión sin recurrir a la represión. Tras
dos años de gobierno de Chávez, los periodistas tienen libertad
para publicar ácidas críticas contra el mandatario y no
hay señales de que se haya puesto en marcha ninguna campaña
para despojar a la prensa de su independencia.
No obstante, las repercusiones de la retórica anti-prensa de Chávez
no deben ser subestimadas. El mandatario venezolano ha intentado desprestigiar
a la prensa y ha incitado al pueblo a agredirla. Los medios de la radiodifusión
y la televisión ya eran propensos a la autocensura debido a que
el gobierno controla la concesión de licencias, pero ahora pueden
perder a sus anunciantes, cuyos costosos espacios publicitarios no pueden
salir cada vez que Chávez decide hablar a la nación. Además,
la cláusula de «información veraz» incluida en la nueva
Constitución pende sobre la cabeza de los medios cual espada de
Damocles: en cualquier momento, el gobierno podría aprobar legislación
y hacerla parte del código penal.
Hasta ahora, la «Revolución Bolivariana» ha sido fuente abundante
de titulares noticiosos. Pero si es cierto aquello de que toda revolución
devora a sus hijos, los periodistas venezolanos deben rezar para que Chávez
no se vuelva demasiado hambriento.
FIN
MARYLENE SMEETS es la Coordinadora del Programa de las Américas por
CPJ
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