COLOMBIA
La prensa colombiana siguió en medio del fuego cruzado del recrudecido
conflicto civil que ha durado décadas y que enfrenta a dos poderosas
guerrillas izquierdistas con el ejército colombiano y las fuerzas
paramilitares de derecha. Si bien las negociaciones de paz avanzaron lentamente
a principios del 2002, el conflicto continuó dejando un elevado saldo
de víctimas mortales en el gremio de los periodistas, y obligó
a muchos de ellos a esconderse. Por lo menos tres periodistas fueron asesinados
en el 2001 por realizar su trabajo. El CPJ continúa investigando
los casos de otros cinco comunicadores que murieron asesinados, posiblemente
a causa de su labor periodística.
Los ataques contra los periodistas colombianos provinieron de varios frentes.
Se presume que el grupo paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia (AUC)
planeó el asesinato, perpetrado el 27 de abril, de Flavio Bedoya,
corresponsal regional de Voz, órgano del Partido Comunista
con sede en Bogotá. Uno de los corresponsales de mayor antigüedad
del semanario vinculó la muerte de Bedoya a una serie de reportajes
sumamente críticos que Bedoya había escrito acerca de actos
de colusión entre las fuerzas de seguridad y los paramilitares. Menos
de un mes después de la muerte de Bedoya, las AUC intentaron volar
con una bomba la sede de Voz en Bogotá. El líder de
las AUC, Carlos Castaño, se responsabilizó del atentado pocos
días después.
En mayo, el CPJ incluyó a Castaño en su relación de
los diez peores enemigos de la prensa. «Incluso con el trasfondo de la escalada
en la guerra civil colombiana, en la cual todas las partes han escogido
como blanco a los periodistas», señaló el CPJ, «Carlos Castaño
se distingue como un cruel enemigo de la prensa». Un periodista del diario
parisino Le Monde preguntó al líder paramilitar cómo
se sentía acerca de la cuestionable distinción. Castaño,
quien renunció como comandante de las AUC a finales de la primavera
del 2001 para concentrarse en los asuntos políticos del grupo, respondió:
«Quisiera asegurarle que siempre he respetado la libertad y la subjetividad
de la prensa». Luego añadió: «A lo largo de su existencia,
las AUC han ejecutado a dos periodistas locales que en realidad eran guerrilleros».
Por otra parte, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC),
el principal movimiento guerrillero, estuvieron implicadas en el asesinato,
cometido el 6 de julio, de José Duviel Vásquez Arias, uno
de los tres periodistas de la radioemisora La Voz de la Selva que fueron
asesinados en un período de siete meses.
La radioemisora tiene su sede en el Caquetá, departamento que ha
sido escenario de recios combates y que forma parte del territorio, de dimensiones
similares a las de Suiza, que el gobierno cedió a las FARC para promover
las negociaciones de paz. Un colega de Vásquez que presenció
el asesinato, Omar Orlando García Garzón, fue amenazado después
de dar una descripción del asesino a las autoridades, por lo cual
él y su familia tuvieron que exiliarse. A principios de año,
otro periodista de La Voz de la Selva, Álvaro Dussán, denunció
haber recibido amenazas de las FARC y posteriormente huyó del país,
según la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), organización
local que se afilió al Intercambio Internacional por la Libertad
de Expresión (IFEX) este año.
En el tercer asesinato, dos asaltantes no identificados abatieron a tiros
al periodista Enrique Urbano Sánchez el 8 de julio mientras celebraba
su 55to cumpleaños con unos amigos en un parque de la ciudad costera
de Buenaventura. Al parecer, Urbano se había dedicado en las últimas
ediciones de su programa radial a denunciar a una pandilla local de delincuentes
llamada «Tumba Puertas». Antes de ser asesinado, Urbano había recibido
amenazas de muerte que él había atribuido a su campaña
pública para reubicar a los vendedores callejeros y sacar a los drogadictos
del parque.
El Programa de Protección a Periodistas y Comunicadores Sociales
del Ministerio del Interior, creado en el 2000, ha ayudado a varios periodistas
a escapar de situaciones de peligro. Diversas instituciones y organizaciones
colaboran con el programa, pero aparentemente el presupuesto que tiene es
limitado.
Los periodistas que necesitan salir del país por lo general no tienen
tiempo para buscar soluciones viables a largo plazo, y a menudo sólo
hablan español. Para ayudarlos, el CPJ colaboró con la FLIP
y la organización peruana pro libertad de prensa Instituto Prensa
y Libertad (IPYS) en la creación de una casa de refugio en Lima donde
los periodistas puedan quedarse mientras buscan soluciones a largo plazo.
El director ejecutivo del IPYS, Ricardo Uceda, y la coordinadora del Programa
de las Américas del CPJ, Marylene Smeets, concretaron este acuerdo
con Elizabeth Vargas, de la FLIP, durante una visita que efectuaron en agosto
a Bogotá.
En el 2001 estalló una controversia acerca de la presión que
aplicó el gobierno a las cadenas de televisión para que censuraran
las noticias sobre la guerra civil. La transmisión prevista de una
entrevista que Castaño concedió a la presentadora de televisión
Claudia Gurisatti el 10 de abril, fue suspendida luego de que funcionarios
gubernamentales hicieran llamadas telefónicas a RCN Televisión,
la cadena que transmite el programa de Gurisatti. El secretario de prensa
del presidente Andrés Pastrana Arango, Samuel Salazar, admitió
que se hicieron las llamadas, y explicó que algunos funcionarios
del gobierno temían que el programa pusiera en peligro la seguridad
del comisionado de paz, Camilo Gómez Alzate, a quien Castaño
había amenazado con secuestrar durante la entrevista. Según
se dijo, el gobierno en múltiples ocasiones se ha reunido con los
propietarios de los medios colombianos para pedirles que se abstengan de
transmitir o publicar las incidencias del proceso de paz.
El 23 de octubre, la Comisión Nacional de Televisión (CNTV),
organismo regulatorio autónomo, propuso prohibir la difusión
televisiva de imágenes violentas y declaraciones de las partes del
conflicto civil u organizaciones criminales. Los despachos de prensa citaron
declaraciones del director de la CNTV, en las que afirmaba que «con la regulación...
se trata hacer un aporte en el proceso de normalización y búsqueda
de la paz, la seguridad y la tranquilidad del país». La propuesta
generó una polémica y el presidente Pastrana intervino, sugiriendo
un sistema de «autorregulación».
Aunque muchos periodistas siguen haciendo denuncias pese a los riesgos,
el auge de la violencia junto con la impunidad que rodea los ataques ha
provocado, comprensiblemente, cierto grado de autocensura.
El deterioro del panorama económico llevó a la caída
de los ingresos por concepto de publicidad en el 2001, lo cual causó
problemas a varios medios. En septiembre, El Espectador, diario de
reconocida trayectoria por su valiente cobertura periodística y cuyo
editor, Guillermo Cano, fue asesinado en 1986 por sicarios de los carteles
de la droga, sucumbió a la crisis económica y se convirtió
en semanario, aunque aún aparece a diario en la Internet en www.elespectador.com.
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