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COSTA
RICA
Costa Rica, un país desde hace mucho considerado uno de los más
libres y democráticos de Latinoamérica, se llenó
de consternación por el asesinato, ocurrido el 7 de julio, del
veterano periodista Parmenio Medina Pérez el primer asesinato
de un periodista en la historia reciente del país.
Asaltantes no identificados dispararon a quemarropa tres tiros a Medina,
productor y presentador del programa radial semanal «La Patada». El programa
a menudo denunciaba la corrupción oficial, lo que trajo al periodista
numerosas amenazas. Dos meses antes del asesinato de Medina, él
recibió amenazas de muerte en relación con acusaciones que
había hecho ante los micrófonos acerca de las irregularidades
fiscales de una radioemisora católica local, y unos asaltantes
desconocidos dispararon contra su casa. Veinte minutos después
del asesinato de Medina, uno de sus colegas de «La Patada» recibió
una llamada anónima en la que le dijeron que sería la próxima
víctima. La radioemisora que transmitía el programa de Medina,
Radio Monumental, recibió amenazas telefónicas durante varios
meses, según refirió la coordinadora de noticias de la radioemisora
al CPJ.
La sociedad exigió justicia y la investigación del asesinato
comenzó rápidamente. Sin embargo, la investigación
no arrojó resultados contundentes y en poco tiempo se vio envuelta
en un halo de secreto. En agosto, un grupo de individuos y organizaciones
de la sociedad civil lanzaron el Frente Ciudadano contra la Impunidad
para presionar a las autoridades a que resolvieran el caso.
El 7 de enero exactamente seis meses después del asesinato
el diario La Nación, de San José, citó declaraciones
de un coordinador del frente, Albino Vargas, quien expresó: «Estamos
convencidos que hay influencias políticas, empresariales y religiosas
que están interfiriendo para que no aflore la verdad sobre el crimen
». De acuerdo con el mismo artículo, el Organismo de Investigación
Judicial, el ente encargado de velar por el orden público, declaró
que aun cuando se había entrevistado a más de 100 personas
y se había descartado muchas otras pistas, no se podía revelar
ningún pormenor porque el asunto aún continuaba en investigación.
La impunidad que rodea el asesinato contribuye aun más al devastador
efecto que éste ha tenido para los periodistas costarricenses,
quienes ahora temen ser objeto de actos de violencia en represalia por
la labor que realizan. De acuerdo con una encuesta realizada en junio
por La Nación, el 55 por ciento de los 97 periodistas encuestados
afirma que ha recibido algún tipo de amenaza durante su vida profesional.
Aunque algunas amenazas fueron contra la integridad física, a muchos
periodistas se les amenazó con demandas por difamación.
El asesinato de Medina dio impulso a la campaña para reformar las
anticuadas leyes que rigen el funcionamiento de los medios de comunicación
en Costa Rica. Dos días después del asesinato, dos diputados
presentaron planes ante la Asamblea Legislativa para crear una comisión
con el mandato de estudiar las leyes, según Fernando Guier, abogado
y columnista de La Nación.
El 23 de julio, un grupo de editores presentó una propuesta para
modificar las leyes de prensa. La propuesta de los editores, una de las
varias pendientes ante la Asamblea Legislativa, es considerada como la
más completa. En lo relativo a las demandas por difamación,
introduce la norma de la «real malicia», la cual requiere que la parte
demandante pruebe no sólo que la información publicada es
falsa, sino que también el periodista sabía o debía
haber sabido que la información publicada era falsa al momento
de la publicación. La propuesta codifica la norma de la reproducción
fiel, que plantea que no se puede demandar a un periodista por reproducir
con exactitud información de una fuente mencionada de manera explícita.
La propuesta también prevé la protección de las fuentes
periodísticas.
La comisión de libertad de prensa de la Asamblea Legislativa se
reunió en varias ocasiones y escuchó los planteamientos
de los editores, los representantes del Colegio de Periodistas, los magistrados
de la Corte Suprema de Justicia y expertos legales. Pero para fines de
año no se había llegado a ningún acuerdo, y sólo
se había aceptado uno de los cambios propuestos: la eliminación
del delito de desacato, una disposición poco empleada que dispone
penas de cárcel de hasta dos años por ofender el honor de
un funcionario del gobierno.
En una decisión sin precedentes, el 7 de septiembre la Corte Interamericana
de Derechos Humanos otorgó medidas provisionales y ordenó
a las autoridades costarricenses suspender ciertos apartados de un fallo
de difamación de 1999 contra el diario La Nación y
uno de sus reporteros, Mauricio Herrera Ulloa. Las decisiones de la Corte
Interamericana son vinculantes para Costa Rica y los demás países
que han aceptado su jurisdicción.
En noviembre de 1999, un tribunal penal costarricense halló culpable
de difamación a Herrera Ulloa y le ordenó pagar una indemnización
por concepto de daños y perjuicios al ex diplomático Félix
Przedborski. La causa giró en torno a unos artículos que
Herrera Ulloa escribió en 1995 y que citaban despachos de la prensa
europea en los que se acusaba a Przedborski de corrupción. Después
de que la Corte Suprema de Costa Rica rechazó la apelación
de La Nación, el periodista introdujo una petición
ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la
cual ordenó al tribunal penal suspender el fallo mientras la CIDH
estudiaba el caso. El tribunal se negó, por lo que la CIDH presentó
una solicitud ante la Corte Interamericana, la cual resolvió la
suspensión de la ejecución de la sentencia condenatoria.
Al cierre de la edición del presente volumen, la CIDH se encontraba
examinando el caso.
El 26 de diciembre, el Tribunal Supremo de Elecciones de Costa Rica emitió
un controvertido fallo dividido por el cual ordenó al canal privado
Teletica Canal 7 invitar a los 13 candidatos presidenciales a un debate
programado, en lugar de sólo a los cuatro principales candidatos,
como tenía previsto en un inicio el canal. Pilar Cisneros, codirectora
del departamento de noticias del canal, dijo al CPJ que el canal había
apelado la decisión ante la Corte Suprema, la cual el 3 de enero
se negó a escuchar el caso alegando que era una cuestión
electoral. El canal televisó el debate entre los principales candidatos
según lo previsto, el 7 de enero, y posteriormente transmitió
dos debates, el 8 y el 9 de enero, con casi todos los candidatos restantes.
Cisneros anunció que Teletica Canal 7 elevaría el caso ante
la CIDH.
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