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PARAGUAY
Los periodistas paraguayos enfrentan uno de los entornos laborales más
difíciles de la región, en el cual amenazas, ataques y demandas
penales por difamación ocurren con frecuencia. Durante el 2001
la prensa paraguaya se mantuvo profundamente dividida entre el oficialista
Partido Colorado y el opositor Partido Liberal. La prensa cubre la corrupción
oficial pero las lealtades de los dueños de los medios a políticos
y empresarios poderosos, aunado a la falta de equilibrio y veracidad,
dañó la credibilidad de la mayoría de los medios
locales.
El 16 de julio el presidente Luis González Macchi firmó
la ley 1728 de Transparencia Administrativa y Libre Acceso a la Información.
La ley intentaba regular el artículo 28 de la Constitución
paraguaya, que dice que las fuentes públicas de información
«son libres para todos». De hecho, la ley 1728 hace que sea extremadamente
difícil para los periodistas obtener cualquier documento público
y deja una peligrosa cantidad de discreción en manos del presidente
y otros funcionarios.
Los periodistas también alegaron que los funcionarios públicos
pueden aprovecharse de la ley para entorpecer o demorar las investigaciones
de los periódicos acerca de la corrupción, y que los complicados
trámites burocráticos obligatorios para obtener información
oficial entorpecían la capacidad de los medios para difundir las
noticias. Luego de duras críticas por parte de los medios y la
sociedad civil, el presidente revocó la ley el 24 de septiembre.
Actualmente el Parlamento está estudiando un nuevo proyecto de
ley que aborda el tema del acceso a la información. El proyecto
de ley, elaborado en colaboración con el Sindicato de Periodistas
del Paraguay (SPP) y otras asociaciones civiles, acortaría el tiempo
de espera para obtener información oficial y establecería
como requisito que toda la información sea entregada de manera
gratuita.
El 20 de septiembre la Cámara de Diputados aprobó una enmienda
a la ley 1682, cuya intención original era regular las actividades
de las agencias de informes de créditos. Pero los periodistas alegan
que no se distingue entre figuras públicas y ciudadanos particulares,
lo que hace casi imposible vigilar las finanzas de los funcionarios gubernamentales.
A finales de año el proyecto de ley, que eximía a la prensa
de esos requisitos, llegó al Senado. Los senadores luego añadieron
modificaciones que prohibían a la prensa publicar informaciones
personales «sensibles» tales como creencias religiosas, raza y filiación
política. Los periodistas paraguayos criticaron fuertemente los
cambios.
Las disposiciones penales sobre la difamación fueron utilizadas
durante el 2001 para asfixiar la crítica. Varios artículos
del Código Penal establecen penas que van desde una multa hasta
dos años en prisión por calumnia, difamación e injuria.
Aunque los periodistas pocas veces son encarcelados por hacer su trabajo,
se les ha ordenado pagar altísimas sumas por concepto de daños
y perjuicios. En septiembre, por ejemplo, a Telmo Tomás Ibáñez
Jara, corresponsal del diario de Asunción ABC Color en la
ciudad de Concepción, se le ordenó pagar una multa de 19
millones de guaraníes (aproximadamente 4000 dólares estadounidenses)
en relación con demandas penales por difamación introducidas
por tres funcionarios de la ciudad. En noviembre la Corte de Apelaciones
de Concepción revocó el fallo.
En abril, un juez ordenó al director de ABC Color, Aldo
Zuccolillo, que pagara una multa de 470 millones de guaraníes (100
000 dólares estadounidenses) en una querella penal introducida
en 1998 por el senador del Partido Colorado Juan Carlos Galaverna. El
fallo se encontraba en proceso de apelación al momento de redactar
este resumen. Otra demanda penal por difamación introducida contra
Zuccolillo en mayo por el ex diputado del Partido Colorado Oscar González
fue desestimada, según ABC Color.
En diciembre radioemisoras comunitarias alcanzaron una victoria importante
cuando la Contraloría General dictaminó que ahora pueden
pedir licencias a la Comisión Nacional de Telecomunicaciones sin
tener que participar en una subasta pública, según la Asociación
Mundial de Radios Comunitarias.
Paraguay continúa siendo un lugar peligroso para periodistas. En
enero un pistolero no identificado asesinó al periodista Salvador
Medina Velásquez. Su familia vinculó el ataque a sus reportajes
sobre las pandillas criminales. A principios de año, la policía
arrestó a cuatro sospechosos. En septiembre, un fiscal acusó
a uno de ellos del asesinato de Medina y pidió que se le retiraran
los cargos a los demás. Un tribunal halló culpables al sospechoso
restante y lo sentenció a 25 años en prisión. Los
familiares de Medina, sin embargo, piensan que los autores intelectuales
del asesinato no han sido enjuiciados.
En mayo el periodista Séver del Puerto y su familia fueron amenazados
de muerte, aparentemente por la investigación independiente de
del Puerto acerca de la presunta participación de un ex ministro
del Interior y varios jueces en un robo en el Aeropuerto Internacional
de Asunción en el 2000. Debido a las amenazas, del Puerto y su
familia se encuentran en la clandestinidad. El periodista luego fue ingresado
en un hospital debido a que padecía una crisis nerviosa.
Los periodistas fuera de las grandes ciudades enfrentaron la mayor parte
de los ataques y las amenazas. En noviembre, Vicente Risso, corresponsal
de ABC Color en el departamento Presidente Hayes, recibió
varias amenazas de muerte luego de tomar una foto de un funcionario local
que utilizaba un vehículo público para campañas electorales,
según el SPP. También en noviembre el corresponsal de ABC
Color César Martínez informó que había
recibido amenazas de muerte por parte de políticos del Partido
Colorado debido a su crítica cobertura periodística, informó
el SPP.
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