|
|
|
BOLIVIA
Gonzalo Sánchez de Lozada, millonario ejecutivo de la industria
minera, juró como presidente el 6 de agosto e inmediatamente
después anunció acciones de emergencia para levantar
a la nación más pobre de América del Sur de
una depresión económica. Pero pese a los cuatro años
de recesión y a las generalizadas protestas durante el año
2002, la prensa boliviana pudo cubrir las noticias sin mayores obstáculos.
En febrero, la policía atacó a varios periodistas
en la ciudad de Cochabamba durante manifestaciones de campesinos
cocaleros, quienes han protestado durante casi dos años en
contra de un programa de erradicación que es respaldado por
los Estados Unidos y que destruyó la mayoría de los
cultivos de coca de Bolivia. Ninguno de los periodistas recibió
heridas graves. Pero en un país donde más del 60 por
ciento de la población es indígena, la creciente desigualdad
y una corrupción endémica han causado creciente inestabilidad
social. En consecuencia, los campesinos cocaleros del Chapare, la
principal región productora de coca del país, han
amenazado verbalmente y hostigado a algunos periodistas porque los
campesinos creen que éstos no están representando
sus intereses en la prensa tradicional.
Entretanto, unas tres quintas partes de la población boliviana
es analfabeta, según el Banco Mundial. Ello, junto con un
alto índice de pobreza, son las principales razones que explican
la baja circulación de medios impresos. Además, a
los periodistas locales les preocupa que algunos empresarios y políticos
explotan a las empresas de medios en beneficio de sus propios intereses,
y que la concentración de la propiedad de los medios se está
convirtiendo en un problema significativo en Bolivia. Por ejemplo,
Raúl Garafulic Gutiérrez, presidente del grupo multimediático
Illimani Comunicaciones, es dueño de cuatro periódicos
—La Razón, Extra, Opinión y El Nuevo Día—,
de la cadena de televisión ATB y del portal de Internet Bolivia.com.
Garafulic es también el principal accionista de dos compañías
de telecomunicaciones y el presidente de un fondo de jubilaciones
(AFP Previsión). Periodistas independientes han criticado
a Garafulic por comprar el 50 por ciento de la compañía
de aviación estatal, Lloyd Aéreo Boliviano, en una
venta secreta, y lo han acusado de usar su poder mediático
para influir en la compra dándole una cobertura favorable
en La Razón.
Por ley, los periodistas bolivianos deben tener título universitario
y estar inscritos en el Registro Nacional de Periodistas. Sin embargo,
el cumplimiento de esta disposición dista de ser estricto,
y muchos periodistas trabajan en la prensa sin tener título.
En los medios bolivianos, que en su gran mayoría son privados,
muchos propietarios mantienen vínculos personales con la
comunidad empresarial, por lo que a los periodistas a veces les
resulta difícil cubrir las malversaciones empresariales.
A los organismos gubernamentales no se les exige divulgar la información
al público, y los periodistas a menudo enfrentan dificultades
para tener acceso a determinados datos, como los presupuestos y
los gastos de viaje de los funcionarios públicos. Durante
el 2002, el CPJ no documentó ningún procesamiento
de periodistas derivado de su labor informativa, pero el Código
Penal boliviano estipula estrictas sanciones penales por la comisión
del delito de difamación, inclusive hasta la privación
de libertad por dos años.
|