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CUBA
A lo largo del año 2002, numerosos periodistas cubanos fueron
hostigados, detenidos y amenazados con procesamientos o prisión,
o vieron restringida su libertad de movimiento. A algunos de ellos
les confiscaron materiales periodísticos o les interceptaron
las llamadas telefónicas. Con frecuencia, el gobierno impidió
que los periodistas cubrieran las actividades de la oposición,
y los obligó a marcharse o a permanecer en sus hogares bajo
vigilancia. El organismo de Seguridad del Estado también
intentó manchar la reputación de varios periodistas
y dañar las relaciones con sus familias o sus colegas. En
algunas ocasiones, familiares de periodistas fueron objeto de hostigamiento
o no pudieron recibir servicios estatales.
La represión estatal siguió siendo más cruenta
en las provincias, lejos de la mirada de las corresponsalías
extranjeras y los cuerpos diplomáticos con sede en La Habana.
Aunque algunos periodistas independientes huyeron del país
para escapar de la represión, otros permanecieron y continúan
trabajando en condiciones muy duras. Pese a que las noticias de
fuentes independientes no pueden circular dentro de Cuba, donde
el gobierno controla todos los medios de difusión, los periodistas
independientes informan a la comunidad cubana que vive en el extranjero
y al mundo en general acerca de los acontecimientos locales que
la prensa estatal decide ignorar.
Muchos medios extranjeros tienen corresponsalías en La Habana,
pero es difícil saber qué efecto ha tenido la presencia
de éstas en las acciones del gobierno en contra de la prensa
independiente. Si bien los periodistas extranjeros pueden informar
acerca de las violaciones de los derechos humanos, el gobierno ha
calculado que puede influenciar la cobertura internacional y beneficiarse
al aparentar tolerancia. No obstante, el gobierno a menudo somete
a los corresponsales extranjeros a presiones sutiles y a veces no
tanto. En el pasado, el gobierno ha acusado a periodistas extranjeros
de «difundir insultos y mentiras contra la Revolución»
y ha insinuado que podría cerrar corresponsalías enteras
en vez de expulsar a los periodistas de forma individual. Los funcionarios
del gobierno otorgan las visas a los periodistas extranjeros de
forma selectiva, y excluyen a los que pertenecen a medios considerados
hostiles, tales como el diario The Miami Herald. Algo aun más
significativo es que los cubanos no tienen acceso a las noticias
procedentes del exterior sobre su propio país.
En la más importante iniciativa que jamás se haya
tomado para desafiar al régimen, una coalición de
grupos de la oposición presentó en mayo el Proyecto
Varela, consistente en una petición sometida ante la Asamblea
Nacional en la cual se solicita la reforma de las leyes que violan
los derechos humanos y otros derechos constitucionales. La Constitución
cubana permite que las peticiones avaladas por las firmas de por
lo menos 10 mil ciudadanos con derecho al voto, se presenten ante
la Asamblea Nacional para su consideración. Los organizadores
del Proyecto Varela reunieron más de 11 mil firmas y solicitaron
un referéndum nacional con cinco propuestas, una de las cuales
exigía el derecho a la libertad de expresión y de
prensa. Como respuesta, el gobierno en junio generó su propia
iniciativa en respaldo a una reforma constitucional que hiciera
que el sistema socialista de Cuba fuera «irrevocable».
Mientras que la reforma apoyada por el gobierno fue adoptada con
celeridad, la Asamblea Nacional se ha negado a tratar el Proyecto
Varela, el que ha recibido un generalizado respaldo internacional.
La Sociedad de Periodistas Manuel Márquez Sterling, que
fue fundada en el 2001 y es la más activa de tres organizaciones
de periodistas independientes, siguió con su trabajo en el
2002 a pesar de la intimidación del gobierno. En marzo, la
asociación se vio obligada a suspender temporalmente sus
cursos de periodismo, luego de que a sus miembros se les impidiera
el acceso a las oficinas de la organización. La asociación
condenó el acoso y prometió continuar con las clases,
cambiando de horario y de sede para evadir la vigilancia policial.
A fines de diciembre, la asociación lanzó su revista,
De Cuba, que publica artículos de periodistas independientes.
El periodista Bernardo Arévalo Padrón, en la cárcel
desde 1997 por haber cometido «desacato» al presidente
Fidel Castro y al miembro del Consejo de Estado Carlos Lage en declaraciones
dadas a radioemisoras de Miami, fue trasladado en julio de un campamento
de trabajo a la tristemente famosa prisión de máxima
seguridad de Ariza. Arévalo Padrón continúa
en prisión a pesar de que tiene derecho a la libertad condicional
desde octubre del 2000, y su salud se ha resentido como consecuencia
de su prolongado encarcelamiento. Durante un viaje de trabajo a
Cuba en mayo, Clarence Page, miembro del directorio del CPJ y columnista
del diario Chicago Tribune, visitó la Sociedad de Periodistas
Manuel Márquez Sterling y entregó medicamentos para
Arévalo Padrón.
Carlos Alberto Domínguez, Léster Téllez Castro
y Carlos Brizuela Yera, periodistas que también son miembros
activos de grupos de oposición, han estado en prisión
desde inicios del 2002. El CPJ ha llegado a la conclusión
de que estos periodistas fueron encarcelados debido a su activismo
en favor de los derechos humanos, más que por su labor periodística.
Un fiscal pidió al tribunal que condenara a Téllez
Castro y a Brizuela Yera a seis y cinco años de prisión
respectivamente. Se desconoce si se han formulado cargos en contra
de Domínguez. Los tres periodistas han escrito cartas desde
prisión en las que denuncian las durísimas condiciones
carcelarias.
En diciembre, preocupado por la creciente popularidad de la revista
trimestral Encuentro de la cultura cubana, publicada por un grupo
de exiliados cubanos que viven en Madrid, España, el gobierno
cubano acusó a la publicación de ser «una operación
política del gobierno de los Estados Unidos». La revista
sirve de foro para el debate cultural y político a los cubanos
de la isla y los que viven en el exterior. Aunque la revista está
prohibida en Cuba, sus ejemplares pasan de mano en mano y tienen
una gran demanda.
El gobierno continúa negando los permisos de salida a los
periodistas que han obtenido visas de gobiernos extranjeros para
radicarse en otros países. A otros periodistas invitados
a conferencias y seminarios se les ha dicho que solamente se les
permitirá salir de Cuba si prometen no regresar nunca.
Jesús Joel Díaz Hernández, quien recibió
el Premio Internacional a la Libertad de Prensa del CPJ en 1999
mientras estaba en prisión en Cuba, finalmente pudo recoger
su distinción en la ceremonia de noviembre del 2002. Díaz
Hernández fue sentenciado a cuatro años de prisión
en 1999 por «peligrosidad» y fue liberado en el 2001,
luego de una intensa campaña del CPJ y de otros grupos defensores
de la libertad de prensa. Posteriormente Díaz Hernández
viajó a los Estados Unidos como refugiado político.
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