|
|
|
PANAMÁ
Desde la invasión estadounidense a Panamá en 1991,
los tres gobiernos democráticos elegidos se han comprometido
a derogar las leyes que restringen la libertad de prensa. Sin embargo,
poco se ha hecho y los funcionarios que intentan silenciar a sus
críticos o impedir el destape de denuncias de corrupción
continúan hostigando a la prensa con numerosas «leyes
mordaza».
La presión nacional e internacional obligó a la presidenta
Mireya Moscoso a aprobar una ley de transparencia en enero. La legislación
se basa en una propuesta de la organización no gubernamental
anticorrupción Transparencia Internacional y exige multas
de hasta 2000 balboas (2000 dólares estadounidenses) y el
despido de los empleados gubernamentales que no entreguen la información
pública oportunamente. No obstante, en junio el gobierno
emitió un decreto que básicamente anulaba la ley al
adjuntarle reglamentaciones que, entre otras cosas, eximen del escrutinio
público datos sobre salarios, beneficios, gratificaciones
y viáticos de los funcionarios. Las reglamentaciones también
exigen que los solicitantes de información tengan algún
tipo de relación con ella —lo cual en la práctica
impide que la prensa y el público se aprovechen de la ley—.
La Defensoría del Pueblo planteó un recurso contra
el decreto ante la Corte Suprema, que a fines de año aún
no se había expedido al respecto.
En marzo, la Comisión de Comunicación y Transporte
de la Asamblea Legislativa unicameral de Panamá analizó
un proyecto de ley por el cual sólo se reconocería
como periodistas a los que poseen título universitario. El
proyecto de ley, que continuaba en estudio a fines de año,
también crearía el Consejo Superior de Periodismo,
el cual emitiría carnés de identificación a
los periodistas, proporcionaría credenciales a los corresponsales
extranjeros y sancionaría a los comunicadores que violaran
la ética periodística. El 9 de mayo, el CPJ envió
una carta de protesta al titular de la comisión, Dennis Arce,
y le manifestó su preocupación por el hecho de que
la propuesta viola las normas establecidas por la Convención
Americana sobre Derechos Humanos, que Panamá ratificó
en 1978.
El proyecto de ley se añade a una disposición vigente
que exige que todos los presentadores de noticias de radio y televisión
tengan un permiso. Para obtenerlo, ellos deben tener un título
en alguna carrera afín o asistir a un curso de ocho meses
en la Universidad de Panamá.
El gobierno, enojado por los numerosos reportajes que documentan
el auge de la corrupción, el favoritismo y el nepotismo desde
que Moscoso asumió el poder, trató de intimidar a
los medios en el 2002, acusándolos de abusar de la libertad
de prensa. Las autoridades, además, establecieron una nueva
comisión que evaluará las leyes de prensa vigentes
sin la participación de representantes de los medios.
Las disposiciones sobre la difamación se utilizan con abundancia
en Panamá. Más de 90 periodistas del país —casi
la mitad de la fuerza laboral de los medios— enfrentan procesos
penales por injurias o calumnias que esperan una resolución.
Y en el 70 por ciento de los casos, los funcionarios públicos
que sintieron que su honor y su dignidad habían sido mancillados,
fueron quienes entablaron las demandas.
Por ejemplo, después de una emisión del programa
«TVN Noticias» en febrero de 1997, que contó
con la alocución del abogado, columnista y periodista radial
Miguel Antonio Bernal, el director de la Policía Nacional
José Luis Sosa presentó una demanda por difamación
contra el periodista, aduciendo que sus comentarios dañaban
la imagen de la Policía Nacional. Conforme al Código
Penal de Panamá, la difamación es sancionable con
una pena de hasta dos años de prisión.
Bernal fue procesado el 27 de mayo de 1998 y posteriormente apeló
el fallo. Luego de numerosas apelaciones, la jueza Lorena Hernández
lo absolvió el 29 de mayo del 2002. La Procuraduría
General a su vez apeló esta decisión, pero el Segundo
Tribunal Superior de Justicia absolvió a Bernal el 27 de
octubre.
Aunque este caso fue una significativa victoria para la libertad
de prensa en Panamá, Bernal tiene una visión pesimista
del futuro. «Creo que fui absuelto por el abrumador apoyo
internacional que tuvo mi caso», comentó. En Panamá,
agregó Bernal, «los poderes judicial, legislativo y
ejecutivo son todos hostiles al concepto de libertad de expresión».
|