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PARAGUAY
El gobierno del presidente paraguayo Luis González Macchi,
paralizado desde hace mucho por las acusaciones de corrupción
e incompetencia, enfrentaba la posibilidad de un juicio político
a finales del 2002. A lo largo del año, los medios criticaron
al mandatario por vanalizar las inquietudes ciudadanas sobre su
gestión. A principios de diciembre, la Cámara de Diputados
votó a favor de la celebración del juicio político.
González Macchi deberá defenderse en el 2003 si el
Senado sigue los pasos de la Cámara de Diputados.
La prensa paraguaya continúa dividida por su sectarismo
político. Empresarios y políticos son dueños
de medios y los utilizan para beneficiar sus propios intereses.
Según encuestas de organizaciones de la sociedad civil, sólo
el 8 por ciento de los paraguayos creen que la prensa es confiable.
El cinismo de la ciudadanía, combinado con la recesión,
ha provocado una caída drástica en la circulación
de la mayoría de los principales diarios. Debido a la crisis
económica, inversionistas extranjeros compraron algunos canales
de televisión, en los que cancelaron programas de noticias
y los sustituyeron con programas de espectáculos. No obstante,
los medios audiovisuales —en especial la radio, que incluye
las emisoras comunitarias— cuentan con mayor diversidad que
otros medios.
A medida que se acercan las elecciones de abril del 2003, el respaldo
a la democracia en el país ha descendido, mientras que la
aceptación ciudadana de candidatos con plataformas autoritarias
ha ascendido. Algunos periodistas consideran que los medios han
contribuido al desencanto con la democracia al hacerse eco de rumores
y chismes y manipular y sensacionalizar las noticias para beneficiar
a determinados partidos políticos.
Un proyecto de ley que fue presentado ante la Cámara de
Diputados en agosto del 2001 y se propone mejorar el acceso a la
información pública, quedó estancado en el
2002. El diputado Rafael Filizzola, el Sindicato de Periodistas
del Paraguay y otras organizaciones de la sociedad civil redactaron
el proyecto de ley. De acuerdo con algunos críticos, el proyecto
es deficiente porque no obliga a las empresas privadas que ofrecen
servicios públicos a entregar información.
En un acontecimiento que puede tener profundas repercusiones para
la libertad de prensa y la campaña a favor de la despenalización
de la difamación en las Américas, en junio la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), órgano de derechos
humanos de la Organización de los Estados Americanos (OEA)
radicado en Washington D.C., presentó el caso de Ricardo
Canese —ex candidato presidencial paraguayo que fue procesado
penalmente y condenado por difamación— ante la Corte
Interamericana de Derechos Humanos, radicada en Costa Rica. Es la
primera vez que la Corte Interamericana decide conocer un caso de
procesamiento penal por difamación.
La demanda penal contra Canese se remonta a agosto de 1992, cuando
cuestionó al entonces candidato presidencial Juan Carlos
Wasmosy sobre sus vínculos con el ex dictador Alfredo Stroessner,
quien fue depuesto en un golpe incruento en 1989. En declaraciones
efectuadas a la prensa local, Canese señaló que Wasmosy,
quien luego se convirtió en presidente, era testaferro de
Stroessner en la firma constructora CONEMPA, a la que se adjudicó
el contrato para construir la gigante central hidroeléctrica
de Itaipú en la frontera de Paraguay con Brasil. En octubre
de 1992 varios socios de CONEMPA, a quienes Canese no había
mencionado en sus declaraciones, lo demandaron por injurias y calumnia.
En marzo de 1994, un juez sentenció a Canese a cuatro meses
de prisión y le ordenó pagar una multa de 7500 dólares
estadounidenses. En noviembre de 1997 un tribunal de apelaciones
rechazó la apelación de Canese pero redujo su sentencia
a dos meses de prisión y una multa de 600 dólares
estadounidenses. En mayo del 2001, una sala de la Corte Suprema
desestimó un recurso de revisión interpuesto por Canese.
La CIDH le ha pedido a la Corte Interamericana que declare que
Paraguay violó el derecho a la libertad de pensamiento y
expresión de Canese, así como otros derechos garantizados
por la Convención Americana sobre Derechos Humanos. A fines
del 2002, la Corte Suprema, temiendo un fallo contrario al Estado
paraguayo, sobreseyó a Canese; aunque el caso continúa
su curso ante la Corte Interamericana.
A principios de noviembre, después de que dos programas
de televisión divulgaran el contenido de conversaciones telefónicas
grabadas que supuestamente mostraban cómo altos funcionarios
gubernamentales —inclusive el presidente González Macchi—
intentaban influenciar decisiones judiciales, la oficina de prensa
del gobierno distribuyó un comunicado en el que amenazaba
con investigar a los canales de televisión y suspender sus
concesiones para la transmisión de señales. Poco después,
la oficina envió un segundo comunicado de prensa sin la amenaza,
al parecer para anticiparse a las críticas públicas.
A fines de marzo, un tribunal confirmó la sentencia de 25
años de prisión contra Milcíades Maylin, delincuente
local acusado del asesinato del periodista radial Salvador Medina
Velásquez, hecho ocurrido en enero del 2002. Nunca se estableció
el móvil del crimen y los familiares de Medina, que recibieron
amenazas de muerte anónimas, creen que los autores intelectuales
del asesinato del periodista no han sido enjuiciados. La familia
de Medina está presionando para que se reabra el caso.
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