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VENEZUELA
Durante el 2002, el agravamiento creciente de la crisis política
llevó a Venezuela al borde del colapso y amenazó con
poner en peligro la democracia del país. A medida que continuaba
la degradación de las instituciones del Estado, la extrema
polarización e intolerancia de la sociedad multiplicó
los riesgos para los periodistas.
A lo largo del año, el presidente Hugo Chávez Frías
y sus partidarios acusaron a la prensa venezolana de distorsionar
los hechos y darle escasa cobertura a los logros del gobierno. En
el programa semanal de radio y televisión de Chávez,
«Aló, Presidente», el mandatario atacó
a los medios con frecuencia. Además, Chávez utilizó
las cadenas —sus transmisiones simultáneas por radio
y televisión a todo el país— para contrarrestar
la cobertura informativa de los medios privados, que estaba muy
sesgada a favor de la oposición. Alentados por el discurso
del presidente, los partidarios del gobierno hostigaron y atacaron
a equipos de noticias.
Los medios privados continuaron adentrándose en la arena
política, promoviendo sin ningún reparo las agendas
de los partidos de oposición e ignorando el profesionalismo
y el equilibrio. Debido a que los partidos opositores venezolanos
están desacreditados o divididos, los medios han ocupado
ese vacío y se han convertido en una poderosa fuente de oposición
al gobierno.
Los acontecimientos de abril subrayaron los peligros para los periodistas
que cubren la crisis política. El 11 de abril, luego de tres
días de protestas de la oposición, el gobierno suspendió
las transmisiones de los canales de televisión locales para
emitir una intervención en cadena del presidente Chávez.
Durante la intervención, los canales privados dividieron
la pantalla para continuar mostrando las protestas. Molesto por
esta decisión, Chávez ordenó el corte de las
señales de los canales privados y los acusó de conspirar
para derrocar a su gobierno. Cerca de la medianoche de ese mismo
día, Chávez fue depuesto, y Pedro Carmona, presidente
de la asociación empresarial más poderosa del país,
fue designado para encabezar el nuevo gabinete, apoyado por sectores
de las fuerzas armadas. Sin embargo, la noticia del golpe de estado
ocasionó protestas de los partidarios de Chávez, y
en 48 horas el presidente ya había sido restituido en el
cargo por oficiales de las fuerzas armadas leales a él. Por
lo menos seis fotógrafos recibieron heridas de bala mientras
cubrían los violentos enfrentamientos que precedieron al
golpe del 11 de abril. Uno de ellos, Jorge Ibraín Tortoza
Cruz, veterano fotógrafo que llevaba 11 años trabajando
en el diario caraqueño 2001, murió a causa de las
heridas esa misma noche.
En los días que siguieron al derrocamiento de Chávez,
los cuatro principales canales privados de televisión brindaron
escasa cobertura de las manifestaciones a favor de Chávez.
Los venezolanos tuvieron que depender de la CNN y de los canales
colombianos y españoles de cable o satelitales para ver noticias
sobre las protestas. Muchos periodistas venezolanos y extranjeros
afirmaron que los ejecutivos de los medios privados habían
actuado en connivencia para imponer un bloqueo informativo, siguiendo
instrucciones impartidas por Carmona. A su vez, los ejecutivos de
medios adujeron que no podían cubrir la noticia por temor
a que los partidarios de Chávez, que habían hostigado
a varios medios a principios de año, pudiesen atacar al personal
o las sedes de los canales. Varios periodistas locales insistieron
en que los acontecimientos se podrían haber cubierto sin
exponer a los periodistas a riesgos innecesarios. Además,
durante otras crisis y períodos de inestabilidad, los periodistas
venezolanos no dejaron de proporcionarle información al público.
Durante el breve mandato de Carmona, las fuerzas de seguridad a
sus órdenes hostigaron a periodistas de medios comunitarios
partidarios del gobierno; mientras que el canal de televisión
estatal, Venezolana de Televisión (VTV), fue sacado del aire
en la tarde del 11 de abril después de haber sido ocupado
por fuerzas policiales que se habían plegado al golpe. VTV
permaneció cerrado hasta el 13 de abril, cuando partidarios
del gobierno lo tomaron y lo volvieron a sacar al aire.
Preocupado por las consecuencias de los acontecimientos del 11
de abril para los periodistas, el CPJ envió una misión
de investigación a Venezuela en mayo. Con la información
recogida en encuentros con representantes de los medios y organizaciones
de derechos humanos, el CPJ en agosto publicó un informe
titulado «Carne de cañón», que describía
el clima de polarización y politización en el cual
trabajan los periodistas venezolanos. En más de una docena
de entrevistas con el CPJ, varios periodistas contaron que estaban
atrapados en medio del enfrentamiento entre Chávez y los
dueños de los medios.
A principios de diciembre, durante una huelga general convocada
por la oposición que paralizó a sectores clave del
país, entre ellos la industria petrolera, partidarios del
gobierno agredieron y hostigaron a varios periodistas y medios privados.
En lo que parecieron ser acciones coordinadas y no protestas espontáneas,
seguidores del gobierno rodearon las sedes de varios medios. Por
otra parte, las fuerzas de seguridad agredieron a periodistas y
fotógrafos o les impidieron realizar su trabajo. La mayoría
de los diarios privados se adhirieron a la huelga y suspendieron
su circulación por varios días.
A fines del 2002, cuando la huelga de la oposición se había
extendido indefinidamente, tanto los medios privados como los estatales
abandonaron completamente toda pretensión de objetividad
y equilibrio y ofrecieron propaganda política en lugar de
noticias, con lo cual pudieran haber minado las posibilidades de
que se llegara a un acuerdo negociado a la crisis bajo los auspicios
de la Organización de los Estados Americanos.
El gobierno no tomó medidas enégicas para investigar
las numerosas agresiones contra periodistas y medios en el 2002.
La Fiscalía tuvo escasos resultados que mostrar en cuanto
a las investigaciones que había realizado sobre las agresiones,
incluso sobre el asesinato de Tortoza. Con frecuencia, los periodistas
presentaron denuncias ante las autoridades, que nunca dieron seguimiento
a las investigaciones iniciales. El fracaso del gobierno en investigar
a fondo las agresiones ha fortalecido la impunidad que por tanto
tiempo ha prevalecido en Venezuela, y ha alentado a los responsables
de los ataques contra periodistas. Además, el gobierno venezolano
no cumplió sistemáticamente con la adopción
de medidas cautelares otorgadas por la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos que exigían al gobierno, entre otras
cosas, garantizar la protección de los medios de prensa amenazados
e impedir las agresiones en contra de los periodistas.
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