Comité para la Protección de los Periodistas
18 de marzo de 2008

Sentada en la cocina con vista al horizonte desvencijado de La Habana, Julia Núñez Pacheco recuerda cuando hace cinco años, agentes de civil de la Seguridad del Estado con pistolas colgadas del cinturón, irrumpieron en su hogar. Acusaron a Adolfo Fernández Saínz, su esposo de tres décadas y un periodista independiente para la pequeña agencia de prensa Patria, de cometer actos dirigidos a “subvertir el orden interno” de Cuba. Durante ocho largas horas, los agentes revolvieron el apartamento y confiscaron objetos considerados pruebas de los “crímenes” de Fernández Saínz: una máquina de escribir, pilas de ejemplares del diario del Partido Comunista Granma con comentarios de Fidel Castro subrayados, y libros prohibidos como Rebelión en la granja y 1984 de George Orwell. Mientras sacaban a Fernández Saínz del apartamento, Núñez Pacheco recuerda que uno de los agentes se volteó para decirle: “Sabe, nos han dicho que ustedes son gente decente, callada. No pelean, no gritan. Qué lástima que hayan escogido este camino”.

Actualmente, Núñez Pacheco, de 60 años, vive sola en el mismo apartamento del municipio Centro Habana. Una fotografía ampliada de su esposo y las autobiografías de Nelson Mandela y Malcom X adornan un estante. Núñez Pacheco sobrevive gracias a remesas del extranjero, donaciones esporádicas de grupos internacionales de derechos humanos y su tarjeta de racionamiento emitida por el gobierno con la que consigue suministros básicos. Como la mayoría de los familiares de periodistas presos, integra una lista negra y no puede trabajar ya que en Cuba el estado es el único empleador. Ve a su esposo de cuando en cuando dada la distancia entre su casa y la cárcel y las reglas carcelarias que sólo le permiten una visita cada dos meses. Fernández Saínz, quien cumple una condena de 15 años, se encuentra en la provincia central de Ciego de Ávila, a más de 650 kilómetros (400 millas) de La Habana. 

Durante un lapso de tres días en marzo del 2003, mientras la atención del mundo se concentraba en la invasión de Irak liderada por los Estados Unidos, el gobierno de Cuba ordenó el súbito arresto de 75 disidentes—29 de ellos periodistas independientes. Todos los reporteros y editores fueron procesados en juicios de un día y condenados a penas que mantendrían a algunos en la cárcel por el resto de sus vidas. Se les acusó de de actuar contra “la independencia o la integridad territorial del estado” o de colaborar con medios extranjeros para “desestabilizar el país”. Bajo las leyes cubanas, esto significa que cualquier periodista que haya publicado notas en el extranjero, particularmente en los Estados Unidos, no tenía posibilidad de defensa.

Cinco años después, 20 de estos periodistas siguen en la cárcel, junto con otros dos que fueron detenidos después de la embestida. Como Fernández Saínz, la mayoría se encuentra en cárceles a cientos de kilómetros de sus hogares. Viven en condiciones inhumanas que han afectado seriamente su salud, según investigaciones del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés). Sus familias, en sus hogares y sin poder trabajar, se las arreglan para obtener las necesidades básicas mientras son vigilados constantemente y con frecuencia acosados por las autoridades, según el CPJ.

Cuba ha desestimado críticas internacionales, en particular de los Estados Unidos, alegando que se trata del trabajo de adversarios políticos para debilitar a su gobierno. Pero el encarcelamiento de estos periodistas como represalia por su trabajo informativo independiente viola las normas más básicas del derecho internacional, incluyendo el Artículo 19 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos el cual garantiza que “toda persona tiene derecho a la libertad de expresión; este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección”. Cuba firmó el acuerdo de 1966 el pasado 28 de febrero, aunque indicó que presentaría interpretaciones y reservas no especificadas.

Los encarcelamientos injustos también han desatado protestas de escritores e intelectuales en todo el mundo, incluyendo varios considerados aliados filosóficos del gobierno comunista. “Como alguien que siempre ha celebrado los logros de la Revolución cubana, y en particular sus sistemas de salud y educación, me entristece e indigna cada vez que se reprime la libertad de expresión en Cuba”, señaló al CPJ el novelista, dramaturgo, ensayista y activista de los derechos humanos chileno, Ariel Dorfman. Mientras Dorfman denuncia la política estadounidense hacia Cuba—como el largo embargo, o “bloqueo” como se conoce en círculos políticos—afirma que el gobierno cubano no tiene justificación alguna para mantener a los periodistas encarcelados.

“Aún condenando el bloqueo contra Cuba y los constantes intentos para derrocar su gobierno, me paro con firmeza junto a los periodistas cubanos, quienes tienen todo el derecho a informar y criticar sin temor a persecuciones”, añadió Dorfman. “La libertad es indivisible”.

En los últimos cinco años, Cuba ha liberado a un reducido número de periodistas y disidentes a cambio de concesiones políticas. España, que ha tratado de restablecer su influencia sobre Cuba, ha liderado las negociaciones que han llevado a la liberación de algunos periodistas. España merece reconocimiento por sus esfuerzos para conseguir la liberación de algunos periodistas y disidentes, pero el gobierno cubano está obligado por estándares internacionales de derechos humanos a liberar a todos los que se encuentran injustamente encarcelados. A pesar de las liberaciones esporádicas, Cuba sigue siendo el segundo país con mayor número de periodistas presos en el mundo, solo detrás de China.

Fidel Castro, quien renunció a postularse a la presidencia en febrero después 49 años en el poder, permitió que Cuba pagara un precio alto por los injustos encarcelamientos—logrando reproches de aliados y enemigos e intensificando el aislamiento de su país en el mundo. El sucesor de Fidel Castro, su hermano Raúl, podría restaurar puentes con la comunidad internacional si liberara a los prisioneros. Si así lo hiciera, en forma inmediata y sin condiciones, marcaría una nueva era para las relaciones internacionales de Cuba.


Conocida en Cuba como la “Primavera Negra”, la ofensiva contra la prensa independiente mostró al mundo que el gobierno de Castro estaba dispuesto a aplastar a la disidencia y a tolerar protestas prolongadas de la comunidad internacional. Los periodistas presos en la ofensiva eran miembros importantes de un movimiento que se originó a mediados de los ’90, cuando Raúl Rivero creó la agencia de prensa Cuba Press y Rafael Solano fundó su homóloga, Havana Press. El objetivo era poner a prueba la libertad de expresión al presentar reportajes y artículos críticos sobre la controlada vida en la isla a medios de prensa extranjeros. El nacimiento de estas agencias de noticias coincidió con el auge de la Internet, que permitió la difusión de su cobertura.

Integrada por activistas de la oposición con inclinaciones políticas y por otros con un enfoque simplemente más periodístico, la incipiente prensa independiente colaboraba con medios extranjeros como CubaNet, un sitio Web radicado en los Estados Unidos, al igual que publicaciones en español y sitios de Internet radicados en Europa, como la revista Encuentro de la Cultura Cubana. Los periodistas proporcionaban informes a Radio Martí, una estación financiada por el gobierno estadounidense que se puede escuchar en Cuba, al igual que a otras estaciones de radio radicadas en el estado de la Florida. Estos medios pagaban modestos honorarios por cada nota. Pero los artículos alcanzaron cierta repercusión. Aún antes de marzo de 2003, los periodistas eran objeto de acoso constante y detenciones esporádicas de corto plazo.
  
“La atención internacional sobre estos periodistas estaba llegando a un estado de agitación extrema”, explicó Andy Gomez, miembro senior del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos en la Universidad de Miami. Funcionarios cubanos, continuó Gomez, temían perder el control sobre la población si dejaban que la gente ventilara sus frustraciones. “El gobierno decidió que era suficiente”.

La embestida fue fulminante. Las detenciones comenzaron el 18 de marzo de 2003 y continuaron por dos días. La policía allanó los hogares de disidentes políticos y de periodistas, acusándolos de ser “contrarrevolucionarios” o “mercenarios” al servicio de los Estados Unidos. Durante las requisas, que duraron horas, agentes de la Seguridad del Estado confiscaron grabadoras, cámaras, máquinas de escribir, computadoras, máquinas de fax, además de libros, periódicos, libretas, y materiales de investigación. Los periodistas fueron esposados, sacados de sus casas a empujones y trasladados a la sede central del Departamento de Seguridad del Estado (DSE), sede de la policía política cubana.

En el DSE, fueron encerrados en celdas pequeñas junto con presos acusados de crímenes violentos. Sus familias esperaron afuera durante días enteros, intentando evaluar la situación. Juicios sumarios de un día a puerta cerrada se llevaron a cabo el 3 y 4 de abril. En muchos casos, las familias explicaron más tarde, los periodistas no pudieron reunirse con sus abogados antes de las audiencias, mientras que la defensa tuvo solo horas para prepararse. El 7 de abril, tribunales alrededor de Cuba anunciaron los veredictos: los 29 periodistas recibieron condenas que oscilaban entre 14 y 27 años de prisión.

La mayoría de los periodistas encarcelados ha sido trasladada varias veces de prisión en prisión, a menudo como castigo por protestar contra las condiciones de su encarcelamiento, según las investigaciones del CPJ. Muchos están detenidos lejos de sus familias. Dado el deterioro del sistema de transporte cubano y sus altos costos, dichas distancias son obligaciones pesadas. Las familias, a quienes se les permiten visitas cortas cada cuatro u ocho semanas, les llevan a los periodistas comidas nutritivas, provisiones de higiene, medicinas y ropa limpia—suministros básicos que no siempre se les proporcionan en prisión.

El canciller cubano Felipe Pérez Roque y Dagoberto Rodríguez Barrera, jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Washington, no respondieron a cartas, correos electrónicos y faxes enviados por el CPJ, pidiendo comentarios para este informe. La oficina del Presidente Raúl Castro tampoco respondió a faxes requiriendo comentarios.

Todos los periodistas sufren de problemas de salud que han surgido o empeorado durante los cinco años en la cárcel, según entrevistas del CPJ con familiares y amigos. Se trata de un rosario de miseria individual y crueldad gubernamental: José Luis García Paneque, de 42 años, sufre de desnutrición, neumonía crónica y tiene un tumor en un riñón. José Ubaldo Izquierdo Hernández, de 42 años, tiene enfisema, problemas circulatorios y una hernia. Ricardo González Alfonso, de 58 años, sufre de hipertensión, artritis, fuertes alergias y un sinnúmero de problemas digestivos y circulatorios. Omar Ruiz Hernández, de 60 años, quien sufre de tensión arterial alta y de problemas circulatorios, supo recientemente que una de sus retinas se había desprendido. En éstos y otros casos, según el CPJ, el gobierno no ha proporcionado tratamiento médico adecuado.

Las condiciones de las cárceles son atroces, según entrevistas que el CPJ ha llevado a cabo durante varios años y ha documentado detalladamente en las ediciones anuales de Ataques a la Prensa, su libro sobre las condiciones de la prensa en el mundo. Las autoridades carcelarias no solamente acosan a los periodistas sino que también alientan a otros presos a intimidarlos y atacarlos. Los periodistas están alojados en pabellones enormes o hacinados en diminutas celdas sin ventilación. El agua potable está contaminada con materia fecal y la comida está llena de gusanos. Cualquier protesta contra las condiciones insalubres provoca con frecuencia que los periodistas sean llevados a celdas de aislamiento.

Sus familias también afrontan dificultades. Ileana Marrero Joa, de 39 años, vive con sus tres hijos en un suburbio destartalado de La Habana. Su esposo, el periodista independiente Omar Rodríguez Saludes, fue encarcelado en 2003. Rodríguez Saludes era conocido como uno de los reporteros más tenaces de La Habana. Recorría las calles en una bicicleta, cubriendo conferencias de prensa y pasaba notas por teléfono a Nueva Prensa Cubana, una agencia de noticias en Miami. En la actualidad, Marrero Joa y sus hijos visitan a Rodríguez Saludes, de 42 años, por dos horas cada dos meses, tiempo en el que comparten comida casera y actualizan al periodista sobre los esfuerzos para lograr la libertad de los prisioneros políticos.

Osmany, el hijo de 19 años de Rodríguez Saludes, admira la fuerza de su padre. “Dice que se mantiene fuerte por nosotros, para que cuando salga no sea un hombre quebrado”, el joven Rodríguez narró al CPJ. Pero cuando se separa de su padre, el desgarbado adolescente regresa a su propia realidad inhóspita. Osmany también integra la lista negra. En noviembre pasado, tras meses de trabajar informalmente subiendo y bajando pan de camiones, pidió a su jefe si podía convertirse en un empleado formal. Después de recibir una serie de evasivas, se le explicó al joven Rodríguez que su “pasado criminal” era un problema. “Tener a mi papá en la cárcel es mi crimen”, explicó Osmany mientras ojeaba un libro con las fotografías de su padre. “Podría estar ahí adentro con él. Todos nosotros vivimos dentro de esas cuatro paredes”.

Debilitados por las secuelas de los arrestos de 2003, las familias de los disidentes encarcelados han creado lazos estrechos entre sí. Las Damas de Blanco, un grupo formado dos semanas después de la ofensiva, se reúnen los domingos en la Iglesia de Santa Rita en La Habana. Después de misa, caminan unas 10 cuadras hasta un parque cercano. Inspirado en el espíritu de las Madres de la Plaza de Mayo argentinas, quienes llamaron la atención internacional sobre la desaparición de sus familiares durante la dictadura militar en su país, el grupo cubano usa ropa blanca. Cada una de las mujeres lleva un gladiolo rosado en la mano, utiliza un prendedor con la foto de su ser querido y una leyenda que indica “prisionero de conciencia”. Reclaman la libertad de los prisioneros y, como mínimo, mejorías en las condiciones carcelarias.

Grupos procastristas intentan desbaratar el trabajo de las Damas de Blanco. Manifestantes progubernamentales las denominan contrarrevolucionarias subsidiadas por los Estados Unidos. Fotografías tomadas por un periodista muestran a un hombre golpeando a Laura Pollán Toledo en la nuca durante una de éstas protestas. “Mientras hagamos un reclamo público exigiendo cambio, libertad y derechos humanos, podemos esperar este tipo de agresiones”, explica Pollán Toledo, una profesora de español que perdió su empleo tras la embestida.

Sentada en su casa en el municipio de Centro Habana, mientras una amiga le arregla su pelo largo, rubio y enrulado (al día siguiente visitará a su esposo), Pollán Toledo señala un rincón de su sala dónde recientemente encontró un micrófono escondido. La casa de Pollán Toledo, un lugar popular de encuentro para disidentes y familiares de los presos políticos, está constantemente vigilada. Pollán Toledo piensa que el reconocimiento internacional puede proporcionar un manto de seguridad pero agrega que “la inmunidad contra el castigo del gobierno cubano no está garantizada”.


Aún así, un nutrido grupo de periodistas independientes sigue funcionando de manera similar a como lo hacía en 2003. Existen, según fuentes locales, alrededor de 100 reporteros independientes actualmente trabajando en Cuba, la mayoría en La Habana aunque algunos reporteros del interior también se muestran activos. Periodistas independientes indicaron al CPJ que realizan la mayor parte de su trabajo por las noches, cuando pasan más desapercibidos. Aunque ser dueño de una computadora sin permiso del gobierno es ilegal, algunos tienen computadoras portátiles anticuadas y otros usan máquinas de escribir aún más viejas. Muchos simplemente utilizan un lápiz y una libreta. Normalmente presentan sus notas a medios extranjeros durante conversaciones organizadas con antelación desde teléfonos públicos. Otros las entregan por fax, y con mucha menor frecuencia, por correo electrónico. Aunque la mayoría de su trabajo está dirigido a sitios Web o a publicaciones extranjeros, los reporteros radicados en La Habana a veces utilizan las computadoras y facilidades de las embajadas extranjeras para imprimir una variedad de noticias.

“Además de ser acosados y de no pertenecer a la prensa oficial, en Cuba los periodistas independientes trabajan sin muchas de las herramientas más básicas, les hace falta desde un celular o un teléfono hasta acceso a la Internet”, explicó Hugo Landa, director de CubaNet. “Creo que por esa razón, muchos periodistas independientes publican notas de opinión, artículos cortos y testimonios de hechos que observan en el terreno, más que notas investigativas. Lo que logran publicar refleja las realidades que enfrentan. Siempre siento que hacen un trabajo admirable, considerando las circunstancias difíciles en las que trabajan”.

Cubren lo que la prensa oficial cubana ignora en gran parte. Bajo la Constitución cubana, el Partido Comunista controla todo el trabajo informativo a través del propagandista Departamento de Orientación Revolucionaria. Los derechos de prensa sólo se otorgan “conforme a los fines de la sociedad socialista”, según emana de la constitución.

La cobertura de la prensa independiente refleja ideas y conceptos básicos protegidos bajo acuerdos internacionales, incluyendo el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y la Declaración Universal de Derechos Humanos. El CPJ revisó 40 artículos escritos entre enero y marzo de 2003 por periodistas encarcelados durante la embestida, al igual que una docena de artículos escritos entre 2006 y 2007 por periodistas independientes, incluidos antiguos prisioneros políticos. Todos se publicaron en sitios Web internacionales y medios de de prensa en los Estados Unidos y en España.

La cobertura se centró en gran parte en los temas sociales, como la escasez de alimentos, las farmacias vacías, los problemas de vivienda, el desempleo y las escuelas con falta de equipos. Los reporteros también informaron sobre la comunidad disidente, desde la apertura de bibliotecas independientes y movimientos sindicales hasta el acoso de activistas de derechos humanos. También escribieron sobre acoso policial y violaciones de derechos humanos, como el arresto de vendedores callejeros y la violencia contra los presos políticos. Críticas contra el gobierno y sus líderes—en particular Fidel Castro—eran comunes pero no incendiarias. Por ejemplo, en enero de 2003, en una nota sobre largas esperas en una estación de tren, el reportero José Ubaldo Izquierdo Hernández, actualmente encarcelado, escribió: “¿Cuánto tiempo tendremos que esperar para despertar de una pesadilla que ya cumplió 44 años?”


Cinco años después de la embestida, y a pesar de la presión internacional, Cuba solamente ha liberado a nueve periodistas encarcelados. Entre ellos figura Jorge Olivera Castillo, de 46 años, quien sirvió a su país como soldado en Angola y como editor de la estación de televisión estatal Instituto Cubano de Radio y Televisión.

En diciembre de 2004, Olivera Castillo fue liberado de una cárcel en Guantánamo bajo licencia extrapenal por motivos de salud tras sufrir problemas de colon. Pero su libertad es condicional. Él y su familia tienen visas para viajar a los Estados Unidos pero Cuba les niega el permiso de salida. De hecho, Olivera Castillo no puede salir de La Habana y tiene prohibido asistir a reuniones públicas. Su teléfono está intervenido, le revisan el correo, y sin advertencias, recibe visitas de agentes de la Seguridad del Estado. Los agentes le preguntan sobre su trabajo y sobre su familia, mientras le recuerdan con sutileza que su libertad es precaria.

A pesar de los riesgos obvios, Olivera Castillo continúa escribiendo. Sentado en una mesa de cocina en su estrecho apartamento en La Habana Vieja, pulsa con ritmo las teclas de una computadora portátil Dell, que le ha sido donada. Junto con sus notas, escribe análisis políticos para CubaNet. “Yo sí creía en la revolución, pero luego me di cuenta que no importaba cuán duro trabajara, nunca tendría ahorros. Pronto entendí que una vida mejor para mí y para mi familia no era posible”, narró Olivera Castillo, quien intentó en una ocasión abandonar Cuba en una balsa con rumbo a la Florida. Finalmente empezó a trabajar con agencias de noticias independientes como Havana Press.

La experiencia de Olivera Castillo es poco común en el seno de la prensa independiente. Muchos son profesores, médicos, empleados e ingenieros convertidos en escritores. Otros vienen del movimiento disidente. Son activistas de sindicatos independientes o miembros de partidos políticos de la oposición.

Antiguos funcionarios de alto rango, actualmente trabajando para la prensa independiente, envían sus colaboraciones a medios como The Miami Herald o El País. Uno de ellos, el economista Oscar Manuel Espinosa Chepe, pertenecía a un grupo de elite de consejeros de Fidel Castro en los años ’60 y ayudó a desarrollar la cooperación económica con Europa Oriental. Influenciado por el glasnost y la perestroika de los años ’80, Espinosa Chepe comenzó a promocionar políticas económicas más libres, como suavizar los límites de la propiedad de tierras o negocios. Relegado a ritmo constante mientras Castro rechazaba sus reformas, a Espinosa Chepe se le asignó eventualmente un puesto como empleado en un pequeño banco cerca a su casa.

La esposa de Espinosa Chepe, Miriam Leiva, continuó siendo miembro del Partido Comunista y mantuvo un puesto alto en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Cuando Espinosa Chepe decidió dejar su empleo y comenzó a escribir notas para medios internacionales, Leiva tuvo que enfrentar presión en su trabajo. Se vio en la disyuntiva de denunciar a su esposo como un contrarrevolucionario o perder su trabajo. “Pensaron que me estaban dando a escoger entre ser alguien o ser nadie”, explicó Leiva, de 60 años. Al negarse a cooperar, Leiva fue despedida y la pareja comenzó a colaborar a tiempo completo con medios extranjeros desde su pequeño apartamento en La Habana. Leiva escribía sobre males sociales como la prostitución y la disparidad entre los bienes de consumo disponibles para los turistas y aquellos para los ciudadanos cubanos. Espinosa Chepe producía comentarios y análisis económicos mordaces que circulaban clandestinamente, mientras presentaba un programa semanal en Radio Martí, “Charlando con Chepe”. En el programa se refería a las importaciones de alimentos, la inflación creciente y la caída de la inversión. “No recibí un centavo de Radio Martí”, indicó Espinosa Chepe, de 67 años. “Mi preocupación principal era sacar la información. Siempre encontraríamos una manera de sobrevivir”.

Pero esto ha sido, por momentos, extremadamente difícil. Espinosa Chepe fue encarcelado en la embestida de 2003 y languideció en prisión por más de un año. Durante su encarcelamiento, Leiva ayudó a organizar a familiares de periodistas presos para protestar y publicó artículos en diarios de los Estados Unidos y Europa. Cuando Espinosa Chepe fue liberado con licencia extrapenal por motivos de salud en noviembre de 2004, había perdido más de 10 kilos y estaba sufriendo de hemorragia gastrointestinal, problemas de hígado y presión arterial alta.  

En la actualidad, Leiva y Espinosa Chepe continúan trabajando desde un pequeño apartamento repleto de libros, muchos prohibidos por el gobierno. Al ser consultada sobre si teme otra ofensiva del gobierno cubano, Leiva señaló: “Me rehúso a quedarme callada y perder la dignidad”. Espinosa Chepe, relajado en una mecedora luego de un almuerzo casero, asiente con la cabeza. “Seguiremos normalmente con nuestras vidas anormales”, reconoció.

Sorprendentemente, varios de los periodistas encarcelados han continuado trabajando en prisión. Desde la cárcel, Olivera Castillo logró entregar a visitantes 37 de sus poemas, los cuales fueron publicados más tarde en España. Periodistas como Héctor Maseda Gutiérrez, Ricardo González Alfonso y Normando Hernández González han sacado a escondidas memorias enteras, unas cuantas hojas de papel a la vez. Otros informan sobre violaciones a los derechos humanos en las cárceles cubanas. En un ensayo publicado recientemente en CubaNet, por ejemplo, Adolfo Fernández Saínz denunció el tratamiento de un activista de derechos humanos en la cárcel.

Desde 2003, Cuba ha utilizado a los periodistas y a los disidentes encarcelados como palanca política, liberando a algunos de manera esporádica a cambio de concesiones internacionales. “Durante años el gobierno cubano ha utilizado a los presos políticos como moneda de cambio para negociar con la comunidad internacional”, explicó Elizardo Sánchez Santa Cruz, presidente de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, un grupo local de derechos humanos que opera a pesar de haber sido prohibido oficialmente por el gobierno.

Desde que asumió en abril de 2004, el gobierno socialista del Presidente español José Luis Rodríguez Zapatero ha jugado un papel de mediador entre la Unión Europea y el gobierno de Castro. Las relaciones entre Bruselas y La Habana—tensas desde 1996 cuando la UE presentó su Posición Común frente a Cuba, exigiendo el mejoramiento de los derechos humanos y las libertades políticas en la isla—se deterioraron aún más con sanciones diplomáticas impuestas por la UE después de la embestida del 2003.

La estrategia de compromiso de España con el gobierno cubano, que difiere de las políticas de los Estados Unidos cuyo objetivo es aislar a Cuba mediante sanciones económicas y restricciones de viaje, ha logrado apoyo de miembros de la EU como Gran Bretaña mientras ha encontrado oposición por parte de países del este y el norte de Europa liderados por la República Checa. Sin embargo, en enero de 2005, el gobierno trasladó a más de una docena de disidentes enfermos de sus celdas en las cárceles a hospitales y le otorgó licencias extrapenales por motivos de salud a otros, incluyendo a los escritores Raúl Rivero y Manuel Vázquez Portal. 

En febrero pasado—meses después que España anunciara la reanudación de algunos programas de cooperación entre los dos países—Cuba liberó a otros cuatro prisioneros, incluyendo a los periodistas independientes José Gabriel Ramón Castillo y Alejandro González Raga. El conocido disidente cubano, Oswaldo Payá, líder del Movimiento Cristiano de Liberación, señaló que el diálogo entre los dos gobiernos ha sido importante. Sin embargo, añadió que también puede ser usado como una “cortina de humo para tapar la realidad que no hay avances sustanciales en materia de derechos humanos”.

No obstante, ésta no es una época normal en Cuba, como afirman Payá y otros. El debilitado Fidel Castro, de 81 años, quien delegó el poder a su hermano Raúl en julio de 2006, anunció el 19 de febrero que oficialmente renunciaba a postularse a la presidencia, poniendo fin a casi medio siglo en el poder. Cinco días después, la Asamblea Nacional nombró presidente a Raúl Castro, de 76 años.

Con Raúl en la presidencia, se han registrado alusiones a reformas económicas, agrícolas y administrativas. La decisión de su gobierno de firmar el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, establecido hace más de cuatro décadas, es un paso potencialmente esperanzador que se vio empañado por las salvedades vagas inmediatamente presentadas por el gobierno cubano. “Creo que es positivo que lo firmen”, estableció Payá. “Ahora, para que haya coherencia, [deben] liberar a los periodistas y a todos los prisioneros políticos que están en prisión por ejercer sus derechos pacíficamente y por promoverlos”.

Algunos cambios están surgiendo desde abajo con la aparición de una generación de blogueros con vastos conocimientos tecnológicos. Durante una tarde en enero, Yoani Sánchez, una joven delgada de 32 años con pantalones anchos y una camiseta, tomaba un expreso cubano cargado, sentada en una mesa de madera en su sala. Aquí es donde escribe las entradas de su blog, Generación Y, creado en abril del año pasado. El blog describe sus observaciones cotidianas sobre Cuba, desde la abundancia de estatuas de José Martí hasta el aburrimiento creciente entre jóvenes y el funcionamiento del mercado negro. En una entrada del 8 de enero, Sánchez explica que no concibe “una jornada sin zambullirme en el mercado negro para comprar huevos, aceite o salsa de tomate”.

Una vez por semana Sánchez concurre a un café Internet en La Habana, una práctica sumamente costosa. (Una hora en un café Internet de La Habana cuesta 160 pesos [6 dólares], más o menos un tercio del salario promedio mensual en la isla). Pero Sánchez trabaja rápido, subiendo apresuradamente sus archivos de una memoria flash y bajando los comentarios de sus lectores y sus correos electrónicos. Para conseguir dinero, Sánchez se acerca a turistas en la calle y les ofrece un tour por la ciudad a pie. “Mis amigos creen que estoy tomando un riesgo enorme con mi blog”, explicó Sánchez, quien tiene su nombre real y fotografía en el blog. “Pero creo que esta es mi forma de empujar al sistema, aunque sea sólo un poco”.

Existen otros recién llegados como Sin EVAsión, un blog dirigido por Eva González, quien usa un seudónimo pero se autodescribe como “perteneciente a una generación […] cuyos miembros alcanzaron la mayoría de edad en el controvertido año 1980”, cuando Fidel Castro permitió que cualquier persona saliera de Cuba desde el puerto de Mariel, que declaró “abierto”. Como resultado, 125 mil refugiados cubanos abandonaron la isla durante la época conocida ahora como el Éxodo de Mariel. González dice que la suya es una generación “que ha vivido debatiéndose entre la desilusión y la esperanza”. Otro nuevo blog, Retazos, es dirigido por un bloguero con el colorido nombre de guerra Guajiro Azul, quien vive en Cuba “mientras no tenga otra opción”. Sus entradas tocan temas como la censura en Cuba o el trabajo manual que los ancianos cubanos tienen que hacer para suplementar sus exiguas pensiones. 

La mayoría de los comentarios de los lectores agradecen a los blogueros por sus puntos de vista críticos. Otros los acusan. La popularidad del blog de Sánchez—indicó que miles de personas lo visitan—ha generado una ola de comentarios favorables al gobierno de lectores que añaden enlaces a sitios pro gubernamentales o eslóganes como “¡Viva Cuba! ¡Viva Fidel!” Es, en su propia forma bastante limitada, un foro para puntos de vista opuestos.

Cinco años después de la embestida, el movimiento de la prensa independiente está lejos de ser disuadido. Una mañana, el reportero independiente Olivera Castillo camina por una de las avenidas principales de La Habana en busca de un teléfono público para llamar a un contacto sobre una nota que está investigando. En las aceras, hombres mayores juegan al dominó cerca de largas filas de personas que esperan a un bus lleno. Olivera Castillo sigue caminando. Tiene trabajo que hacer, aunque sabe que lo escribe que hoy podría ser la gota que desborda el vaso y lo regrese a la cárcel. Pero ni lo piensa. “Me niego”, explica, “a vivir con miedo de expresar mis ideas”.

Carlos Lauría es el coordinador senior del programa de las Américas del CPJ. María Salazar es la investigadora asociada del programa. Monica Campbell es una periodista freelance radicada en Ciudad de México.

Recomendaciones del CPJ

El CPJ insta al gobierno del Presidente Raúl Castro a implementar las siguientes recomendaciones:

  • Liberar de inmediato y sin condiciones a todos los periodistas encarcelados.
  • Anular las condenas de los nueve periodistas que fueron liberados con licencia extrapenal por razones de salud desde la embestida de 2003.
  • Asegurar la atención adecuada de todos los periodistas bajo custodia del gobierno.
    Responsabilizamos al gobierno por la salud y el bienestar de todos los periodistas presos.  
  • Cumplir con todos los compromisos bajo la reciente firma del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos permitiendo que los periodistas puedan trabajar en libertad y sin temor a represalias.
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