A las 6 a.m. del sábado, dos individuos empujaron a Marcelo Lobo hacia un callejón cercano a su oficina y lo golpearon varias veces en la cabeza, según informes de la prensa local. Cuando el camarógrafo perdió conciencia, sus dos agresores le cortaron la mejilla y parte de la lengua, señaló a la prensa local el director de Gigavisión, Alex Arias. Lobo fue llevado al hospital local Obrero, según Arias. Las cámaras de seguridad de Gigavisión grabaron parte del ataque, informó la prensa local.
El diario El
Deber detalló que Lobo, quien cubre temas de seguridad para Gigavisión,
había informado recientemente sobre corrupción y protestas en contra del
gobierno en la ciudad de Santa Cruz. Renán Estenssoro, presidente del grupo
local Fundación para el Periodismo, indicó al CPJ que no sabe de ninguna
amenaza contra Lobo previo a la agresión.
Arias cree que el
ataque fue en represalia contra Gigavisión, según comentó a periodistas
locales, aunque no dio detalles sobre qué cobertura informativa puede haberlo
provocado. Alberto Aracena, director de la Fuerza Especial de Lucha Contra el
Crimen de la Paz, autoridad a cargo de la investigación, explicó que los
investigadores estudian una represalia contra el periodista como posible motivo
aunque no especificó si el ataque estaría vinculado con la vida personal de
Lobo o con su trabajo. Aracena señaló a la prensa que se trata de un crimen
claramente premeditado y que los asaltantes robaron el teléfono celular, la
chamarra y el reloj de Lobo, informó la agencia de noticias oficial de Bolivia,
ABI.
"Este es un
ataque deplorable con un mensaje claro de impedir que el periodista se
exprese", declaró el Coordinador Senior del Programa de las Américas del CPJ,
Carlos Lauría. "Las autoridades deben asegurarse que Marcelo Lobo reciba la
protección necesaria para poder seguir trabajando".
En 2008, decenas de periodistas
fueron atacados, hostigados y amenazados en una ola de violencia que limitó la
cobertura periodística de una lucha por el poder cada vez más profunda entre el
gobierno de izquierda del Presidente Evo Morales, un indígena Aymara, y los
gobernadores conservadores de la oposición en las tierras bajas orientales,
según la investigación del CPJ.

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