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La mordaza de Fidel
Por Sauro González Rodríguez
Revista Noticias (Argentina)
11 de abril del 2003
Entre finales de marzo y principios de abril del 2003, el gobierno cubano
arrestó, procesó sumariamente y condenó a penas de
entre 14 y 27 años de prisión a un total de 28 periodistas
independientes. El gobierno parece estar asustado y con razón:
los disidentes y periodistas independientes le han arrebatado espacios
y se han consolidado como interlocutores representativos de amplios sectores
del pueblo cubano.
Los arrestos comenzaron el pasado 18 de marzo y fueron anunciados en el
noticiero vespertino de la televisión estatal, algo inusual y que
no auguraba nada bueno. Al día siguiente, el gobierno cubano publicó
una nota oficial en el órgano del Partido Comunista Cubano, el
diario Granma, en la que advirtió: «no quepa la menor duda
de que la Revolución aplicará con el rigor que sea necesario,
y en la medida en que las circunstancias lo demanden, las leyes creadas
para defenderse de nuevas y viejas tácticas y estrategias contra
Cuba».
Las detenciones de periodistas y disidentes, a quienes el gobierno cubano
acostumbra a acusar de ser «contrarrevolucionarios» al servicio de los
Estados Unidos, se prolongaron por tres días. Agentes de la policía
allanaron y registraron los hogares de los periodistas, y les incautaron
libros, máquinas de escribir, cuadernos de apuntes y materiales
de archivo, cámaras, computadoras, impresoras y aparatos de fax.
A varios periodistas les incautaron artículos y objetos tan inofensivos
como libros de poesía, retratos familiares y medicinas.
En la casa del periodista Ricardo González Alfonso, quien también
dirige la Sociedad de Periodistas Manuel Márquez Sterling, la policía
confiscó el fax, una impresora y una computadora portátil
que habían sido utilizados para publicar la recién lanzada
revista bimensual de la organización, De Cuba.
Los periodistas fueron trasladados a las distintas sedes del Departamento
de Seguridad del Estado (DSE) _la policía política_ en el
territorio nacional. Pocos días después, a principios de
abril, la Fiscalía solicitó cadena perpetua para tres periodistas
y sanciones de privación de libertad de entre 15 y 30 años
para el resto.
Los juicios sumarios de los periodistas se celebraron el 3 y el 4 de abril
a puerta cerrada y quedaron conclusos para sentencia. Según un
comunicado difundido por conocidos disidentes, en varios de los procesos
los abogados de la defensa no tuvieron acceso a los defendidos o sólo
tuvieron unas horas para preparar los casos.
Este lunes 7 de abril, tribunales a lo largo de toda la isla dictaron
penas de cárcel de entre 14 y 27 años para los periodistas.
González Alfonso y el destacado periodista y poeta Raúl
Rivero fueron sentenciados a 20 años de cárcel. En las conclusiones
provisionales del fiscal del caso, documento que fue proporcionado al
Comité para la Protección a los Periodistas (CPJ), se acusaba
a los dos periodistas de, entre otras cosas, crear la organización
Sociedad de Periodistas Manuel Márquez Sterling y su «subversiva»
revista, De Cuba. Una ojeada al documento demuestra que los periodistas
no hacían más que ejercer el derecho, consagrado en numerosos
instrumentos internacionales, a la libertad de expresión y pensamiento.
Ambos periodistas fueron procesados de conformidad con el Artículo
91 del Código Penal, que prevé largas sanciones de privación
de libertad o muerte para todo el que actúe contra «la independencia
o la integridad territorial del Estado». ¿Los testigos sorpresa de la
Fiscalía? Dos oficiales de la Seguridad del Estado que durante
muchos años estuvieron infiltrados en las filas del periodismo
independiente, Manuel David Orrio y Néstor Baguer.
Además de ser encausados conforme al Artículo 91, a otros
periodistas se les enjuició por violar la Ley 88 de Protección
de la Independencia Nacional y la Economía de Cuba, que dispone
sanciones de privación de libertad de hasta 20 años para
toda persona que cometa «acciones que en concordancia con los intereses
imperialistas persiguen subvertir el orden interno de la Nación
y destruir su sistema político, económico y social».
El periodismo independiente cubano _una veintena de agencias que agrupan
a alrededor de 100 periodistas_, surgió a principios de la década
de los 90 con la fundación de varias agencias de noticias. Con
nombres como Cuba Press, Habana Press, Decoro y otros, las agencias se
constituyeron en fuentes de información que desafían el
monopolio gubernamental sobre la producción, circulación
y emisión de información.
El CPJ, junto a otras organizaciones internacionales, por años
ha denunciado los métodos empleados por las autoridades para aplastar
el periodismo independiente: hostigamiento e intimidación; penas
de cárcel y amenazas de enjuiciamiento; arrestos y detenciones;
y restricciones al libre movimiento, entre otros.
En estos momentos, los periodistas continúan presos en celdas del
Departamento de Seguridad del Estado. Ellos merecen el apoyo y la solidaridad
de la comunidad internacional.
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Investigador del programa de las Américas, Comité para la
Protección de los Periodistas (CPJ)
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