• Una nueva ley de medios desata un acalorado debate y plantea inquietudes.
• En una importante victoria, se revocan las leyes de difamación.
Estadística Clave
200: Los agentes fiscales que allanaron Clarín en una clara represalia por la cobertura informativa del diario.
Los defensores de la libertad de prensa conquistaron dos importantes victorias cuando el Congreso despenalizó la difamación y un tribunal federal emitió un fallo que, si bien todavía está bajo apelación, podría conducir al desmantelamiento de la distribución de la publicidad oficial manipulada por el gobierno. Sin embargo, esos avances se vieron oscurecidos en octubre por la polémica en torno a la ley para regular los medios audiovisuales impulsada por el gobierno de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner. La disposición, sancionada como ley en octubre y casi de inmediato impugnada ante la justicia, dividió el espectro radioeléctrico entre empresas privadas, el estado y las organizaciones sin fines de lucro, al tiempo que creó un nuevo organismo regulatorio.
ATAQUES A LA
PRENSA EN EL 2009
• Prólogo
• Introducción
Análisis Regional:
• En las Américas,
Gran Hermano observa
a los reporteros
Informes por país
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• En un Vistazo
El gobierno afirmó que la
ley pondría un freno a los monopolios y democratizaría la radio y la televisión.
Los propietarios de medios y políticos
opositores, por su parte, consideraron a la ley como un instrumento del gobierno
para ejercer mayor control sobre el contenido informativo y obligar a grandes grupos
de medios a desprenderse de algunas de
sus empresas. El debate empeoró las relaciones entre el gobierno y la prensa y avivó
enfrentamientos entre el gobierno y Clarín, el grupo de medios más grande del
país.
La ley, que adoptó parte
de una iniciativa redactada por una alianza de organizaciones civiles llamadas Coalición
por una Radiodifusión Democrática, dividió al periodismo. La ley reemplazó una norma
anacrónica sancionada durante el régimen militar, en 1980, que otorgaba al Poder
Ejecutivo control total sobre la regulación de los medios audiovisuales. Cristina
Kirchner presentó el proyecto de ley de Servicios de Comunicación Audiovisual hacia
fines de agosto y explicó que permitirá “que todo el mundo pueda expresarse”. A
principios de octubre, luego de un encendido debate y más de 100 modificaciones
en la cámara baja del Congreso, la iniciativa se convirtió en ley.
La ley reserva un tercio
del espectro radioeléctrico para organizaciones sin fines de lucro, los otros
dos tercios se dividirán entre compañías privadas y emisoras estatales. También
limita el número de licencias que puede tener una empresa y establece cupos
para la música, filmes y programas producidos a nivel nacional. Las empresas no
podrán ser propietarios de un canal de aire y una empresa de cable al mismo
tiempo. Este y otros aspectos de la ley fueron inmediatamente impugnados ante tribunales
federales. En diciembre, un juez federal de Mendoza ordenó suspender la
aplicación de la ley. El gobierno anunció que apelará la decisión judicial.
La mayoría de los
periodistas argentinos afirmaron que era necesario remplazar la ley de
radiodifusión del régimen militar, pero algunos expresaron preocupación de que
la nueva ley limitaría la libertad de expresión. La composición de la autoridad
de aplicación quedó en el centro de la polémica. La ley exige que el nuevo ente
regulador esté compuesto por siete miembros: dos designados por el Poder
Ejecutivo, tres por el Congreso y dos por un consejo federal constituido
mayormente por gobernadores con algunos representantes de organizaciones de la
sociedad civil. “La autoridad de aplicación dependerá, en gran medida, de
nombramientos políticos y el ejecutivo tendrá mucho poder en la designación de
sus miembros y el control de sus funciones”, advirtió Adrián Ventura,
columnista del matutino La Nación y
duro crítico del gobierno. Los detractores también apuntaron contra algunas
definiciones vagas en el texto de la ley que, en su opinión, permitirían al
nuevo organismo regulador revocar las licencias de radio y televisión.
Los partidarios de la ley respondieron
señalando que si el gobierno quería ejercer control sobre los medios ya contaba
con una herramienta efectiva en la norma de 1980. Entre quienes apoyaron la ley
se destacó Frank La Rue, relator especial de las Naciones Unidos (ONU) para la libertad
de opinión y expresión, que llamó a la nueva ley “un ejemplo para otros
países”. Horacio Verbitsky, destacado columnista del matutino Página 12 y presidente del Centro de
Estudios Legales y Sociales, expresó que la ley representaba “un avance significativo
hacia el enriquecimiento del debate democrático mediante el acceso a la
comunicación de una mayor pluralidad de voces”. El CPJ indicó que, si bien la ley
es una mejora importante con relación a la norma de 1980, sus disposiciones
podrían usarse equivocadamente para fines políticos. En particular, el CPJ afirmó
que realizará un monitoreo de su implementación para asegurar que la autoridad
de aplicación no sea sometida a interferencias políticas indebidas.
A pesar de las negativas
del gobierno, muchos analistas sostienen que la ley también tuvo la intención
de debilitar al grupo Clarín, dueño de diarios, estaciones radiales, canales de
televisión y de cable. Clarín, también proveedor
de servicios de Internet, tuvo una cobertura crítica del gobierno de Kirchner.
El debate legislativo aumentó la animosidad ya existente entre el gobierno y
Clarín. El gobierno y sus aliados dispararon contra Clarín por lo que
percibieron como una cobertura sesgada, especialmente en las elecciones de
junio en las cuales el partido peronista de Kirchner perdió su mayoría
parlamentaria.
En medio de un clima cada
vez más enrarecido, Clarín se vio sometido a un ataque directo por parte del
gobierno. El 11 de septiembre unos 200 agentes fiscales allanaron las oficinas
del diario Clarín, luego de que el
periódico publicara una nota de tapa alegando que un organismo gubernamental
había otorgado un subsidio agrícola de forma irregular. Clarín y otros medios denunciaron
el operativo como una intimidación del gobierno. La agencia impositiva
inmediatamente dio marcha atrás, sostuvo que el procedimiento había sido
realizado por error y anunció el despido de dos funcionarios responsables de
ordenar el operativo.
El
gobierno también confirmó la apertura de una investigación para determinar quién
ordenó el allanamiento y sus motivos, pero no reveló ningún resultado hacia
fines de año. Citando documentos del organismo recaudador de impuestos, La Nación informó en diciembre que
Ricardo Echegaray, director de la entidad, había ordenado el allanamiento y que,
en realidad, los dos funcionarios nunca habían sido despedidos. El gobierno no
realizó una investigación impositiva del matutino Clarín.
Clarín fue blanco también de
otro episodio con tintes político. El sindicato de camioneros, liderado por Hugo
Moyano, aliado al gobierno, bloqueó en noviembre por un breve lapso la
distribución de Clarín, La Nación, Perfil y otras publicaciones exigiendo
que los conductores de camiones que distribuyen los periódicos fuesen
representados por ese sindicato. Los diarios y la Asociación de Entidades
Periodísticas Argentinas, que reúne a los propietarios de los periódicos, lamentó
que el accionar del sindicato fuese motivado políticamente.
En noviembre, en un
importante avance a favor de la libertad de prensa, el Congreso despenalizó los
delitos de calumnia y la injuria. La medida fue adoptada tras recomendaciones
emitidas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en un fallo de mayo de
2008. La corte, un cuerpo de la Organización de los Estados Americanos, anuló
la condena penal por difamación contra el periodista y autor Eduardo Kimel de
1999. El caso se originó en un libro de Kimel, La masacre de San Patricio, en el cual criticaba la investigación por
la muerte en 1976 de cinco sacerdotes durante la dictadura militar. La corte
también instó a los líderes argentinos a reformar las leyes de difamación para
alinearse con los estándares regionales.
Periodistas y defensores
de derechos humanos también celebraron un fallo de enero dictado por una corte
federal de apelaciones que encontró que el gobierno, en forma improcedente, se
rehusaba a contratar espacios de publicidad estatal en publicaciones de la Editorial
Perfil en represalia por su cobertura crítica del gobierno de Kirchner. El
gobierno apeló la decisión y el caso seguía pendiente de resolución hacia fines
de año.
El CPJ y otros analistas
han señalado que la presidenta Cristina Kirchner, continuando con un sistema
institucionalizado durante el mandato de su esposo, ha manipulado la
distribución de publicidad oficial creando
un sistema de embargos publicitarios a los medios críticos y recompensando con
anuncios a los medios que apoyaron al gobierno. Defensores de la
libertad de prensa argumentaron que la manipulación de publicidad oficial viola
los Artículos 14 y 32 de la Constitución Argentina, que prohíbe la censura y
garantiza la libertad de prensa, respectivamente, y el Artículo 13 de la
Convención Americana de Derechos Humanos.

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